Archive | Febrero, 2010
Libro de anécdotas del cura de Ars

Libro de anécdotas del cura de Ars

Fernando Pérez Plazas, en el facebook del sitio, compartió un libro de san Juan María Vianney: Vida y anécdotas del Cura de Ars.

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La partida de su hermano, Francisco

La partida de su hermano, Francisco

Ya antes he mencionado que fueron contados los días y ocasiones en los que el Cura de Ars se ausentó de su iglesia en Ars. Para la Navidad de 1854, le comenzaron a llegar noticias alarmantes de su tierra natal, de Dardilly: Francisco, el hermano mayor, estaba muy enfermo. San Juan María Vianney amaba profundamente [...]

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Las confesiones después de las tertulias

Las confesiones después de las tertulias

Salvo los cinco días de ejercicios espirituales que, cada año hasta 1835 pasó en Meximieux o en Bourg-en-Brese, salvo una semana de relativo descanso que se tomó en el seno de su familia en 1843, el Cura de Ars no dejó jamás su pueblo adoptivo.  Aparte de algunos hechos de mayor relieve, cuyo recuerdo conservaron [...]

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Su olor a santidad

Su olor a santidad

‘¿Dónde está el santo’?, preguntaban los recién llegados a Ars. ‘Pasa el santo’, gritaban cuando aparecía el humilde sacerdote… Y, dirigiéndose a los feligreses, después de ver cómo lo aclamaban de ésta manera, decían algunos: “No tenemos más necesidad de maravillas para creer que nuestro Santo Cura de Ars”. Efectivamente, según frase del antiguo obispo de Belley-Ars, y después [...]

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¿Ha llegado a convertir a algún borracho?

¿Ha llegado a convertir a algún borracho?

Se puede presumir que en la mayor parte de la impresión fue tan viva y el golpe de la gracia tan fuerte, que permanecieron fieles al cumplimiento de su penitencia, todos los penitentes que se acercaron al Rdo. Vianney. Lo que es cierto es que el Santo triunfó en cosas muy difíciles y obtuvo la perseverancia de muchas [...]

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La correspondencia

La correspondencia

Los afligidos que no podían ir a Ars escribiían al santo Cura, o hacían que otros escribiesen en su nombre. De aquí la voluminosa correspondencia que cada dos días recibía el párroco sobre su pequeña mesa de encina. La leía de corrido pero a veces no podía dar abasto. La mayor parte eran peticiones de [...]

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