Ars, el pueblo que lo acogió

ARS

Ars, que se llamo Artis villa Artz Arz y finalmente Ars, parece haber tenido un origen muy remoto. Una piedra druídica, que se veía hace pocos años a cierta distancia del lugar, hacía suponer que había habitantes en aquella comarca ya en época muy lejana. Sin embargo, el nombre de Ars no aparece por primera vez hasta documentos del siglo X. Una carta de 980 insinúa que entonces había ya en aquél sitio una iglesia construida y una parroquia organizada. A pesar de todo, Ars nunca había pasado de la categoría de aldea.

Hállase Ars a 35 kilómetros al norte de Lyón, Francia, en la comarca y distrito de Trevoux, sobre la meseta de Dombes. Dombes es, en el departamento del Ain, una llanura arcillosa, con aguas estancadas. Nada de frondas, ni de sotos sombreados por robles y adebules; ni hileras de álamos en los bordes de los caminos; ni chopos y avellanos en las orillas de los arroyos.

Los montes apacibles del Beaujolais limitan el horizonte de Ars. La campiña que rodea el pueblecito forma extensas ondulaciones de las que cuando en cuando emergen, como ramilletes, pequeños grupos de árboles; no es ya la llanura lisa y monótona, en la que abundan los charcos, pero tampoco las ricas vertientes que se inclinan al Saona.

Ars está edificado en el declive de un reducido valle por donde corre el Fontblin, en invierno pequeña torrentera y en verano manso hilito de agua que se desliza por entre oscuros guijarros. En 1818, la aldea parecía triste y miserable; unas cuarenta casas hechas de tierra arcillosa, esparcidas por las huertas; a un lado, la iglesia, si se podía dar este nombre a una construcción rojiza, con vulgares ventanales, cubierta con cuatro vigas y por todo campanario una traviesa que daba vueltas una campana rígida.

Las cruces del cementerio, según la antigua costumbre, se arrimaban a lo largo del templo. Delante había una plazoleta con veintidós hermosos nogales. Al lado de la iglesia estaba edificada la casa parroquial, una casa de campo precedida de un patio de unos cuantos metros cuadrados de amplitud.

En el fondo del valle, se encontraba en solitario, en medio de una gran arboleda, el castillo de Garets de Ars. Construido en el siglo VI, había sido una mansión feudal, flanqueada por una torre, rodeada de fosos y coronada de almenas; pero todo aquel aparato guerrero había desaparecido; la antigua morada no era más que una gran casa de campo, tranquila, melancólica, olvidada de las cacerías y alegres estrépitos de antaño.

A causa de los malos caminos, Ars se hallaba como perdido en una inaccesible soledad. Era un verdadero hoyo, en toda la amplitud de la palabra. Sus habitantes salían allí muy poco y eran, por otra parte, muy indolentes.

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