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	<title>San Juan María Vianney &#187; Catequesis</title>
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	<description>El atractivo de un alma pura</description>
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		<title>Su oración en la iglesia</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jan 2010 10:29:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Cura de Ars, con su amor a Dios y a las almas, tenía como en la sangre lo que se ha llamado &#8220;instinto de conquista&#8221;, que como define el Mons. Hedley es &#8220;el celo de las almas que consta de tres cualidades: amor a Dios, amor a las almas y lo que yo llamaría espíritu de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El Cura de Ars, con su amor a Dios y a las almas, tenía como en la sangre lo que se ha llamado &#8220;instinto de conquista&#8221;, que como define el Mons. Hedley es <strong>&#8220;el celo de las almas que consta de tres cualidades: amor a Dios, amor a las almas y lo que yo llamaría espíritu de conquista&#8221;</strong>. Naturalmente enérgico y emprendedor, había soñado con una existencia muy ocupada y provechosa. En aquel reducido campo de acción al que fue confinado, hubiera podido disfrutar de muchos momentos libres, y sin embargo le veremos siempre en plena actividad y desde las primeras semanas en Ars sus jornadas serán interminables, pero fecundas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Mucho antes de rayar el alba, cuando en Ars todo el mundo descansaba, se hubiera podido vislumbrar, a través del cementerio, un vago resplandor.</strong> El Rdo. Vianney con una linterna en la mano, pasaba de la casa parroquial a la iglesia. El buen cura se dirigía al lugar de la oración. Se encaminaba enseguida al presbiterio y allí se ponía de rodillas. En el silencio de la noche, pedía al Señor, en voz alta, que tuviese piedad de su rebaño y de su pastor.</p>
<p style="text-align: justify;">Un día, Catalina Lassagne lo oyó rogar: <strong>&#8220;¡Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; consiento sufrir cuanto quieras durante toda mi vida&#8230; sí, durante cien años los dolores más vivos, con tal de que se conviertan</strong>&#8220;. Al llegar la luz del día, la gente ya lo podía ver a través de la luz de las ventanas.</p>
<p style="text-align: justify;">Así hubiera pasado toda la mañana, pero el ministerio pastoral le reclamaba otro tipo de acciones. Los que le llamaan por algún enfermo no tenían necesidad de buscarle en la casa parroquial, ya que los primeros años, sin la afluencia de gente, siempre estaba en la iglesia; incluso, no salía de la iglesia hasta después del Angelus de la tarde.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, casi todos los días, visitase o no a las familias del lugar, hacía por la tarde una pequeña excursión por la campiña. Aprovechaba también de ella para orar, ya levantando el corazón a Dios, o con el rezo del breviario. <strong>Procuraba siempre decir alguna palabra los que trabajaban en los campos, y con el rosario, rezaba mientras caminaba por los silos.</strong> Su alma rogaba por soledad y paz.</p>
<p style="text-align: justify;">En medio de aquella encantadora naturaleza, su pecho se dilataba a gusto, y hacía bien en disfrutar porque se acercaba el tiempo en que no tendría ni una hora de reposo, y  no podía salir de su confesionario, a pesar de ser un sumo amante de la naturaleza , y confinado a paredes sin la frescura del aire ni el calor del sol. <strong>&#8220;Su mayor satisfacción, era rezar en el bosque. Sólo allí con su Dios, contemplaba las grandes se servía de todo, aun del canto de las aves, para elevarse a Él&#8221;</strong> (Catalina Lassagne)</p>
<address>Imágen: Una de las cascadas que están alrededor de Ars.</address>
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		<title>Su predilección por sus feligreses</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jan 2010 10:45:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aunque San Juan María Vianney acogía a todos con igual benignidad, amaba con amor de predilección a sus feligreses. Cuando las confesiones le retenían a todas horas en la iglesia, no podía ver tanto como antes a sus queridos hijos de Ars, como él los llamaba. Pues mientras algunos peregrinos tenían que aguardar días enteros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Aunque San Juan María Vianney acogía a todos con igual benignidad, amaba con amor de predilección a sus feligreses. Cuando las confesiones le retenían a todas horas en la iglesia, no podía ver tanto como antes a sus queridos hijos de Ars, como él los llamaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues mientras algunos peregrinos tenían que aguardar días enteros para hablarle unos minutos, todos los sábados reservaba unas horas especiales a los habitantes de Ars; los demás días, en cuanto se daba cuenta de que deseaban algo, los hacía llamar junto a sí mismo; tanto que las gentes del pueblo que querían prolongar su preparación para confesar se veían obligadas a ocultarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta el final de su vida, les dio pruebas de una &#8220;abnegación extraordinaria&#8221;. En medio de la mayor afluencia de forasteros, lo dejaba todo para acudir a una casa de enfermos. Siempre estaba a su disposición. Un día, hacia las once de la noche, Magdalena Scipiot fue a buscarle porque su madre se hallaba gravemente indispuesta&#8230; Le llamó dos o tres veces desde fuera. Se despertó el Santo Cura de Ars, entreabrió la ventana y le gritó: &#8220;voy al instante, hija mía&#8221;. La señora Scipiot se excusó por haberle molestado. &#8220;Oh, no es nada, todavía no he dado mi sangre por vosotros&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">En el invierno de 1823, durante el jubileo de Trevoux, regresó una noche a su parroquia, a pesar del frío y de la nieve, para visitar a una mujer enferma. Llegó agotado de cansancio, blanco de la escarcha y transido del frío. Al verse recriminado por viajar en semejantes condiciones, replicó: &#8220;No hay precio para el bien de las almas&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, dejando todo por su parroquia, se convirtió en el más amado de Ars, era &#8220;amado como un padre&#8221;. Su influencia creció y se extendió sobre todos y en todas las cosas, de modo que, habitantes de Ars, cuando llegaron luego de muchos años, y estando ya allí San Juan María Vianney, expresaban: &#8220;Qué os ha hecho éste cura, ¡Ars ya no es Ars!&#8221;.</p>
<address style="text-align: justify;">Relato de Magdalena Scipiot, por el Monseñor Convert, que había instado a San Juan María Vianney a no viajar a Ars, y a descansar más.</address>
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		<title>La peregrinación en la fe de María</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Dec 2009 02:10:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para todos es conocido que Juan Pablo II fue un Papa profundamente mariano. Lo demuestra, primero, su escudo pontificio, así como el espacio que ocupó María en sus catequesis, en las expresiones de culto, en sus peregrinaciones a los diferentes santuarios marianos, diseminados por todo el mundo, en las diversas consagraciones del mundo que hizo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Para todos es conocido que Juan Pablo II fue un Papa profundamente mariano. Lo demuestra, primero, su escudo pontificio, así como el espacio que ocupó María en sus catequesis, en las expresiones de culto, en sus peregrinaciones a los diferentes santuarios marianos, diseminados por todo el mundo, en las diversas consagraciones del mundo que hizo a la Madre de Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Siguiendo el Concilio Vaticano y la tradición de los grandes santos marianos de la Iglesia , en particular a San Luís María Grignion de Monfort, Juan Pablo II nos presenta a la madre de dios como una peregrina de la fe que debe caminar, madurar y perseverar a lo largo de su vida en si consagración de Dios. Bajo esta perspectiva he leído la encíclica <em>Redemtoris mater </em>, intentando cubrir la meditación del papa de los puntos mas sobresalientes de este itinerario de Maria.</p>
<p style="text-align: justify;">En el numero 19 comenta que la expresión feliz la que he creído, se puede encontrar una clave de lectura para penetrar en el alma inmaculada de María. Con esta actitud de mujer peregrina, María acompaño a su hijo a lo largo de toda su vida, de esta forma vivió en primera persona los misterios de la vida del salvador.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>En la plenitud de los tiempos</strong></p>
<p style="text-align: justify;">San Pablo nos dice que en la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de mujer (Ga 4, 4-6). A partir de aquí se abre un nuevo capítulo en la historia de la Salvación donde Dios hace nuevas todas las cosas. Esta plenitud tiene varios significados. Fundamentalmente señala el momento feliz en el que la ‘Palabra que estaba con Dios… se hizo carne, y puso su morada entre nosotros&#8217; (Juan 1, 1. 14), gracias a la acción del Espíritu Santo en el seno virginal de María de Nazaret. Dios quiso tener como co-protagonista a una mujer para llevar adelante su designio de salvación, de tal forma que Cristo fuera realmente verdadero Dios y verdadero hombre, menos en el pecado.</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de la encíclica Juan Pablo II hace referencia de manera especial y detallada a la fe de María por la cual avanzó, manteniendo fielmente su unión con Cristo: ‘La peregrinación en la fe indica la historia interior, es decir, la historia de las almas. Pero ésta es también la historia de los hombres, sometidos en esta tierra a la transitoriedad y comprendidos en la dimensión de la historia&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;">Ciertamente la peregrinación de la fe ya no pertenece ala Madre del Hijo del Hijo de Dios, glorificado junto al Hijo en los cielos, María ha superado ya el umbral entre la fe y la visión ‘cara a cara&#8217; (1 Co 13, 12). Por ello es para todos nosotros, peregrinos en la fe, la Maestra y la Pastora que nos guía con mano firme por los intrincados senderos de Dios. Éste es el sentido profundo cuando la invocamos como Stella maris.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La llena de gracia</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La llena de gracia hace pensar en una especial bendición que Dios regala a María para prepararla ante el gran acontecimiento de la Historia. Implica , por tanto, la elección divina de María como Madre del Hijo de Dios. Esta especial bendición de María se puede presumir así: ‘Madre de Dios Hijo, y por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo; con un don de gracia tan eximio, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;">María es introducida en la historia del a salvación por el misterio de Cristo a través de la anunciación del Ángel. En realidad el ángel Gabriel no hace sino constatar un hecho singular. En efecto, por especial privilegio divino María ha sido colmada de gracias divinas para ser tierra fecunda y morada digna del Salvador. Más adelante Isabel confirma esta particularidad de María cuando la llama ‘bendita eres entre las mujeres&#8217; (Lc 1, 42).</p>
<p style="text-align: justify;">En el orden de la gracia, María recibe por obra del Espíritu Santo la vida de Aquel al que ella misma dio vida como madre en el orden de la generación terrena. Por ello, se le llama ‘hija de tu hijo&#8217; o como dice la liturgia ‘madre de su Progenitor&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-742"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Feliz la que ha creído</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Aquella que es feliz porque ha creído de alguna manera, activa en la fe en las personas con las cuales entra en contacto. Tenemos el caso de Isabel, que al recibirla en su casa la saluda como ‘la madre de mi Señor&#8217;. El Bautista también participa de alguna forma de esta fe que suscita María en aquel salto de gozo en el seno de Isabel. Esta misma característica se puede constatar en las Bodas de Caná. María aparece como la que cree en su Hijo y por su fe provoca la primera señal (la conversión de agua en vino), de esta forma contribuye a suscitar la fe de los otros discípulos. ‘Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos&#8217; (Jn 2, 11)</p>
<p style="text-align: justify;">El inicio de la peregrinación de María en la fe parte en la Anunciación. Allí se ha abandonado completamente en Dios, manifestando la obediencia de la fe mediante el homenaje de su entendimiento y voluntad. En la respuesta de María: ‘Hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38), está todo su ‘yo&#8217; humano, femenino, y su fe generosa al plan de Dios. Asimismo se encuentra una total disponibilidad a la acción del Espíritu Santo, que ‘perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;">Por la fe que pronuncia ese <em>fiat </em>que hace posible la Encarnación del Hijo de Dios. Por la fe se confió a Dios sin reservas y se ‘consagró igualmente a sí misma, cual esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo&#8217;. Así como Abraham es nuestro padre en la fe (Rm 4, 12), porque con su fe dio inicio la Antigua Alianza , de la misma manera la fe de María en la Anunciación da comienzo a la Nueva Alianza. Ella creyó que por el poder del Altísimo, por obra del Espíritu Santo, se convertiría en la Madre del Hijo de Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">En este itinerario de la fe en María el anciano Simeón aparece dando un segundo anuncio. Por un lado le confirma que el niño que ha engendrado es, efectivamente, el Salvador, ‘luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel&#8217; (Lc 2, 32), por otro, le anticipa que ese niña será signo de contradicción (Lc 2, 34). Palabras contrastantes y enigmáticas que María tuvo que guardar y darle vueltas en su corazón. Se habla de ‘luz&#8217; cuando ella no ve claro lo que está acaeciendo en su misma vida. Si esa criatura que lleva en los brazos es el Mesías, el Salvador, Aquel que trae la liberación de su pueblo y, por tanto, cumple la esperanza de generaciones de judíos, ¿por qué tiene que ser signo de contradicción? Una vez más María se refugiaba en el reino de la fe y se abandonaba en Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">De manera especial durante la vida oculta, María tuvo que madurar y profundizar este camino de la fe. Realizando sus deberes de madre y esposa debe vivir en la cotidianidad ese misterio encarnado que es su Hijo. Parafraseando a San Pablo diría que la vida de María está ‘oculta con Cristo en Dios&#8217; (Col 3, 3) por medio de la fe. Pues la fe es un contacto con el misterio de Dios. Ella también encarnó aquellas otras palabras de san Pablo ‘vivió en la fe del Hijo de Dios&#8217; (Gál 2, 20) al cual amó entrañable y profundamente, y se consagró y entregó toda la vida. Ella forma parte de aquellos ‘pequeños&#8217;, de los que dirá Jesús: ‘Padre… has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños&#8217; (Mt 11, 25). Juan Pablo II lo dirá con más claridad: ‘Es por tanto, bienaventurada porque ha creído y cree cada día en medio de todas las pruebas y contrariedades del período de la infancia de Jesús y luego durante los años de su vida oculta en Nazaret, donde vivía sujeta a ellos&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;">No es pequeña la fatiga del corazón que debió hacer María junto con José ante los caminos imprevisibles de Dios. El papa lo compara a la noche oscura en la fe, como un velo a través del cual hay que acercarse al invisible y vivir en la intimidad con el misterio. La prueba más dura de la fe de María está junto a la cruz de su Hijo. Humanamente hablando se podría decir que todas las promesas de salvación están clavadas en el madero de la cruz y agonizan al ajusticiado.¡Qué grande es la fe de María ante los insondables designios de dios! Las palabras de San Juan son muy elocuentes en su brevedad ‘Junto a la cruz están su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena&#8217; (Jn 19, 25). Ese estar junto a la cruz de pie significa una grande actitud de abandono sin reservas al querer del Padre, une fe fuerte y firme, consolidada bajo la acción del Espíritu Santo. Por medio de esta fe María esa plenamente unida a Cristo en su despojamiento. ‘Es ésta tal vez la profunda kénosis de la fe en la historia de la humanidad&#8217;. San Irineo dirá: ‘El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María, lo que ató la virgen Eva fue por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la fe&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;">En el momento previo a la muerte de Cristo, María recibe una nueva anunciación. En esta ocasión es su mismo Hijo quien le pide una aceptación de fe para convertirse en Madre de los hombres. Esta maternidad de alguna manera ya se había dibujado a grandes rasgos en Caná, cuando de esta forma María inicia una maternidad espiritual en la economía salvífica de la gracia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Siguiendo los pasos de aquella que fue llamada ‘feliz porque ha creído&#8217;, hemos descubierto los trazos principales de la fe de María. Tomando como pauta la encíclica, el breve estudio sobre la fe de María ha ido tanto en dirección diacrónica o evolutiva, como en su significado espiritual. Meditando y sufriendo, María fue creciendo en la comprensión de los misterios de Cristo, y la fe constituyó su fortaleza y su seguridad hasta el final de su vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Juan Pablo II, en la carta apostólica <em>Novo milennio ineunte </em>escribió que ‘a Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe&#8217;. Ésta fue precisamente la experiencia de vida de la madre de Jesús durante toda su vida terrena, y es el camino que todo fiel cristiano debe segrui para llegar a conocer los misterios de la vida de Cristo. En esta escuela de la fe de María todos tenemos que cursar con aquella actitud de los pequeños para que el Padre se digne a revelarnos los arcanos misterios del Salvador.</p>
<p style="text-align: justify;">Termino con una oración que San Luis María Grignion de Montfort dirige a María diciendo: ‘No te pido oraciones ni revelaciones, ni gustos o delicias, aunque fuera espirituales… Aquí en la tierra no quiero para mí otro don, fuera del que tú recibiste, es decir, creer con fe pura, sin gustar ni ver nada&#8217;.</p>
<table border="0" cellspacing="2" cellpadding="1" width="150">
<tbody>
<tr valign="top">
<td>Por P. Rafael Jácome, L.C, tomado de la revista &#8216;Sacerdos&#8217;</td>
</tr>
</tbody>
</table>
]]></content:encoded>
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		<title>Plan Pastoral del Cura de Ars</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Nov 2009 01:54:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A 147 años de su muerte, tenemos la oportunidad de reflexionar brevemente en torno a algunos de los rasgos característicos del Santo Cura de Ars. En cierta ocasión, llego un párroco joven a una parroquia vecina a aquella de Ars y se dio cuenta de que mucha gente de su comunidad acudía a la parroquia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A 147 años de su muerte, tenemos la oportunidad de reflexionar brevemente en torno a algunos de los rasgos característicos del Santo Cura de Ars.</p>
<p style="text-align: justify;">En cierta ocasión, llego un párroco joven a una parroquia vecina a aquella de Ars y se dio cuenta de que mucha gente de su comunidad acudía a la parroquia de Ars. Él, siendo un sacerdote bien preparado académicamente, con muchas y muy recientes innovaciones pastorales, trató de retener a los suyos en su comunidad. Pero la gente seguía acudiendo a Ars. Entonces el párroco le dirigió una carta al cura de Ars recordándole que era una persona poco preparada, poco culta. De hecho se había enterado de que el obispo le había pedido que estudiara teología moral en sus ratos libres, que no eran muchos. Concretamente la teología moral de San Alfonso María de Liborio. Y le dijo: “gente tan poco preparada como usted debería abandonar la parroquia. No sé cómo se atreve a confesar”. El párroco de Ars, San Juan María Vianney, recibió la carta, la leyó y pocos días después le contestó. Le dijo que le agradecía sus observaciones; que en verdad él se sentía muy limitado y que le agradecía mediara ante el Obispo para que le exonerara de la atención pastoral de la parroquia.</p>
<p style="text-align: justify;">El joven párroco tomó la carta entre sus manos y la llevó al obispado, seguro de que el Obispo le atendería y finalmente el Cura de Ars sería removido. El señor Obispo escuchó atentamente al párroco, leyó la carta que le había dirigido a san Juan María Vianney y después le hizo este comentario: “Mira. Él se queda en su parroquia y tú te quedas en la tuya. Sin embargo te voy a hacer una observación. Tú estás envidioso. Si la gente de tu parroquia va a la parroquia en Ars, es porque encuentra en Ars lo que no encuentra en tu parroquia”. El párroco le dijo al Obispo: “Mire, tenemos estos planes, estas actividades…” El Señor Obispo, habiendo comprendido, le respondió: “No me refiero a eso. Lo que sucede es que en Ars encuentran a uno que es sacerdote, que es totalmente sacerdote, que es enteramente sacerdote. Cuando en tu parroquia encuentren eso, entonces ya no irán a otra parroquia, mientras en tu parroquia no encuentren eso, seguirán yendo a Ars”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Un sacerdote, alguien que es enteramente sacerdote, alguien que es totalmente sacerdote”. De este sacerdote, el santo Cura de Ars, podemos tomar este detalle: llega él a una pequeña comunidad, no muy distinta de las comunidades de la región. Recordemos que han pasado décadas de la ‘descristianización’, iniciada con la revolución francesa. Se puede decir que Ars, siendo pequeña parroquia de apenas 400 habitantes, no es ni mejor ni peor que las demás. Aunque a veces se ha dramatizado la situación pastoral de la parroquia de Ars. Se trata de una parroquia con muchas de la región. No son precisamente los habitantes de Ars  anticlericales, como a veces se ha dicho. Consta que un sacerdote que precedió al santo Cura de Ars, el P. Enteplas, fui bien recibido. Poco después, enfermo, fue bien atendido por la comunidad y cuando falleció, la comunidad se reunió en tomo a su cadáver para orar con el, para encomendarlo a Dios. No es, pues, una comunidad que odie o que rechace al sacerdote. Se ve por este detalle que acabo citar. Lo que si encuentra el Santo Cura de Ars, es que en su comunidad, como en todas las comunidades de la arquidiócesis de Lyon y de muchas otras diócesis francesas, abunda la ignorancia. Es decir, hay una casi nula instrucción religiosa. Además ha proliferado el alcoholismo   tanto en hombres, como en mujeres; tanto en los adultos, como en los jóvenes. Repito: esto que encontró el santo cura de Ars, lo hubiera encontrado en muchas parroquias de la región. El santo cura de Ars, cuando llega a esta parroquia tiene poco mas de 32 años y se propone en el nombre de Dios y para la Gloria de Dios transformar esa parroquia.  Lo que algunos han descrito como una pequeña selva, el quiere convertirla en un hermoso jardín. Ante el sagrario el santo cura de Ars elabora un programa que consta de 7 puntos. Los voy a comentar brevemente porque son muy interesantes, son las prioridades pastorales de un sacerdote que no a descuidado la oración que se entrega a la atención  de sus hermanos. Se trata de un programa elaborado ante el sagrario, subrayo esto por que es un programa motivado por el amor a Dios y el Amor al prójimo.</p>
<p style="text-align: justify;">PRIMER PUNTO DEL PROGRAMA DEL ANTO CURA DE ARS:</p>
<p><span id="more-677"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Visitar cada uno de los hogares</p>
<p style="text-align: justify;">Es decir, no esperar a que la comunidad se acerque al párroco, el ha de tomar las indicativa y ha de visitar cada uno de los hogares, para conocer a cada uno de los integrantes de las familias. Para el es importante, muy importante, el contacto fresco y positivo con las familias. “Nada sustituye este contacto personal”, decía el santo cura de Ars. “Es necesario-subraya el-, el conocer a los fieles y el darse a conocer a los fieles”. Una observación, dice el que al principio procurara tocar los temas que son de dominio de la gente para, poco a poco, empezar a hablarles de Dios y terminar hablando constante, frecuente y alegremente a Dios. No hacer odioso el tema religioso. Al contrario, hacerlo amable para la gente guste de esa miel que es la palabra de Dios, que es el encuentro con el sacerdote. Visitar cada uno de los hogares, así será mas fácil que los miembros de la comunidad correspondan, visitando al párroco y sobre todo, visitando a Jesús sacramentado. Conocer y darse a conocer para dar a conocer a Jesús. Ese seria el primer punto del plan pastoral del santo cura de Ars.</p>
<p style="text-align: justify;">SEGUNDO PUNTO</p>
<p style="text-align: justify;">ASEGURAR LA COOPERACION DE LA MAYORIA POSIBLE</p>
<p style="text-align: justify;">Es decir, el santo cura de Ars no piensa que el solo pueda hacer todo. Lo contrario, el sabe que para un mejor trabajo es necesario, utilizando un lenguaje mas nuestro, mas actual, el trabajar en equipo. Frase suya es la siguiente:” más pueden hacer mejor las tareas “. Y no se que se trata de que el párroco se desentienda de ciertas actividades y las delegue a los laicos, se trata de que todos, párroco y laicos, trabajen por una misma empresa, en una misma tarea, en esta caso: la evangelización y la santificación de cada uno de los miembros del pueblo de Dios. Asegurar, repito, la cooperación de los mas posibles. El sacerdote no esta llamado hacer todo, pero si esta llamado a animar a todos, para que todos, cumpliendo con el deber que brota del bautismo, nos empeñemos en la tarea de la evangelización.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">TERCER PUNTO</p>
<p style="text-align: justify;">MEJORAR A LOS BUENOS</p>
<p style="text-align: justify;">El Santo Cura de Ars observa que en su pequeña comunidad, pequeña comunidad, no falta gente buena, tanto entre los adultos, como entre los jóvenes. Sin embargo, el pastor no debe contentarse con verlos buenos, tiene que mejorarlos, tiene que animar la superación de los feligreses, tiene que ayudar al crecimiento personal, familiar, parroquial, de aquellos que han recibido de Dios la semilla de la bondad y la han cultivado generosamente. Frase suya es la siguiente: “Todo hombre puede y debe ser mejor. Ayudarle a él es para el párroco, grato deber”.</p>
<p style="text-align: justify;">El santo cura de Ars, en un comentario posterior, dirá que el no animar a los fieles para que sean mejores es un pecado de omisión. La nuestra es una tarea de animación y no podemos decir que todo está hecho. Siempre, sacerdotes y laicos, podemos y debemos dar más, ¿por qué? Por que nadie ha dado todo. Queremos darlo, pero nadie ha dado todo. De ello debemos ser conscientes, pedirle a Dios el don de la generosidad y animar a todos a corresponder al Señor generosamente.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">CUARTO PUNTO</p>
<p style="text-align: justify;">ATRAER A LOS INDIFERENTES</p>
<p style="text-align: justify;">La mayor parte de la comunidad de Ars, como la mayor parte de las comunidades parroquiales de nuestra región, están compuestas por gente bautizada más no practicante, gente indiferente. Para que una comunidad sea evangélica hay que seducir a los muchos con el imán del testimonio. La gente no dejará de ser indiferente mientras no encuentre en el sacerdote un vivo ejemplo a seguir.</p>
<p style="text-align: justify;">Si el sacerdote, con su estilo de vida, no es una provocación, en el buen sentido, la comunidad no se convierte. En cambio, si el sacerdote vive de una manera alegre y coherente, provoca una reacción positiva, el deseo en muchos de cuestionarse, de cambiar, de mejorar. Los indiferentes van a recibir, gracias al testimonio constante, coherente, claro, transparente del sacerdote, la gracia de la conversión y el deseo de acercarse más y más a Dios. Por eso es tan importante, junto con la palabra del sacerdote. Las palabras finalmente se olvidan, el ejemplo es el que permanece. Es más fácil tener una imagen visual que una auditiva. Palabras del santo cura de Ars comentando ese cuarto punto de su programa de pastoral: “Hay que sembrar, mediante el buen ejemplo; el deseo de ser bueno”. Y el sacerdote, por vocación, está llamado a ser transparencia un Dios que es infinitamente bueno, eternamente bueno y que trata bien a todos.</p>
<p style="text-align: justify;">QUINTO PUNTO</p>
<p style="text-align: justify;">CONVERTIR A LOS PECADORES</p>
<p style="text-align: justify;">Se ha hablado de mejorar a los buenos. Se ha hablado de atraer a los indiferentes. Ahora se habla de convertir a los pecadores. Inicia este punto, el santo Cura de Ars, advirtiendo que el primero que debe pedir la gracia de la conversión debe ser el propio sacerdote. Antes que pensar en los pecados de la comunidad tiene que repasar los propios; antes que pensar en la conversión de los demás, debe pensar en la propia conversión. Solamente el sacerdote en proceso de conversión será instrumento eficaz para la conversión de los demás pecadores, uno de los cuales es él. “Todos somos pecadores, pero algunos no nos reconocemos como tales, o no sentimos el deseo de dejar de serlo. Hay que se la ocasión de la que Dios se sirva para tocar el corazón del hombre”, decía San Juan María Vianney.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">“Dios, nuestro Señor –dice en cura de Ars-, puede hacerlo todo y puede hacerlo solo, pero en la tarea de la conversión ha querido servirse de elementos pecadores, de sacerdotes limitados y pecadores, para hacer que los hombres se conviertan y sientan el deseo de ser buenos”. Como decía uno de los religiosos trapenses asesinados hace pocos años en el norte de Argelia, en el manuscrito que él había redactado y el cual fue encontrado: “El que intente darme muerte y logre hacerlo, creerá, siendo un musulmán, dar gloria a Dios. Yo no me siento mejor ni peor que los demás, solo sé –solía decir este sacerdote- que no tengo la inocencia de la infancia y he de pedir por él y por un servidor, para que Dios, a los dos, nos conceda la gracia de la conversión y nos tenga en el cielo”. Pero es interesante esta frase: “no me siento mejor ni peor que él, sólo sé que no tengo la inocencia de la infancia”.</p>
<p style="text-align: justify;">SEXTO PUNTO</p>
<p style="text-align: justify;">ORAR POR TODOS</p>
<p style="text-align: justify;">El sacerdote puede llegar a muchos con su trabajo pastoral, sin embargo, le es imposible llegar físicamente a todos. Místicamente o espiritualmente el sacerdote puede llegar, debe llegar a todos. Por lo tanto, “el primer deber del sacerdote –subraya- y del párroco, es orar por su comunidad”. Debe hacerlo todos los días y hacerlo con mucha devoción. Tomando una frase reciente, en este caso del Papa Juan Pablo II, a un grupo de sacerdotes portugueses, decía: “El párroco tiene que orar por aquellos que no orar, por aquellos que no saben orar, por aquellos que no pueden orar. El párroco debe orar siempre, ese es su primer deber y nada sustituye ese deber, ni siquiera la más intensa actividad pastoral. El sacerdote se debe a todos, y en la oración habla a Dios de los hombres, para después, en la precitación, hablar de Dios a los hombres”. Y aquí retoma el santo cura de Ars un pensamiento que es propio de la patrística y que después retomó santo Domingo de Guzmán: “No hay sacerdote sin oración” ¿Por qué? Porque sacerdocio y oración se relacionan profundamente. Una viva oración hará posible una vida evangélica del párroco. Un párroco que no ora, que no ora intensamente, no puede ser un buen párroco, podrá hacer mucho, pero no podrá ser un buen párroco.</p>
<p style="text-align: justify;">SEPTIMO PUNTOY ÚLTIMO PUNTO</p>
<p style="text-align: justify;">EL PARROCO TIENE QUE HACER PENITENCIA</p>
<p style="text-align: justify;">Primero, por sus propios pecados y por los de la comunidad. La tarea sacerdotal supone frecuentemente renuncias, sacrificios, sufrimientos. El Señor no nos ha pedido sino seguirlo con la Cruz a cuestas. Dice el santo Cura de Ars: “las renuncias, los sacrificios, los sufrimientos, hay que aceptarlos teniendo en la mente y en el corazón la gloria de Dios y el bien del prójimo”. El párroco no puede ni debe aspirar a una vida cómoda o tranquila, repito, debe buscar ante todo la gloria de Dios y el bien del prójimo. Y una de las tareas del sacerdote junto con la oración y predicación es el hacer penitencia, la mortificación, primero por los propios pecados, y, después por los del pueblo, y concluye diciendo el Cura de Ars: “El sacerdote de Dios nunca debe evitarse lo amargo, pero provechoso sabor de la Cruz, no le está permitido al sacerdote negarse a la mortificación”. “Ante una comunidad tan necesitada –hace un comentario un estudioso del Cura de Ars–  el joven pastor sintió su impotencia, no la autosuficiencia, sino su impotencia, pero no se desalentó, contaba con Dios y con el tiempo”. De ahí dos virtudes muy necesarias para el sacerdote, sobre todo el párroco, primero la caridad que se transforma en confianza, y segundo, la paciencia, ¿Porqué? Porque los cambios, cuando se dan, se dan poco a poco, y, bendecidos por Dios, resultan duraderos.</p>
<p style="text-align: justify;">En la vida del cardenal Newman, el converso del anglicanismo al catolicismo, encontramos un detalle que nos puede iluminar. El cardenal Newman, antes de ser cardenal y miembro del oratorio de san Felipe Neri en Inglaterra, tiene un amigo al que aprecia, al que mucho estima. El amigo, como él, se ha convertido del anglicanismo; como él, es ya sacerdote católico; como él, es miembro del oratorio. En cierta ocasión el cardenal Newman le nota un poco triste, melancólico, se acerca a él y le pregunte qué es lo que tiene, qué es lo que le pasa. Le responde: “no tengo nada”. Pasan los días, lo sigue observando distanciado afectivamente, le vuelve a preguntar: “¿qué te pasa?” Y el sacerdote contesta: “no, no tengo nada”, después simplemente desaparece.</p>
<p style="text-align: justify;">El sacerdote abandona el ministerio, se una a una mujer; abandona a la Iglesia Católica y comienza a publicar artículos en los principales diarios de Inglaterra en contra del que será cardenal Newman. El amigo se vuelve el enemigo, y algunos aconsejan al cardenal Newman que escriba, que se defienda del que está atacando a su persona. El cardenal Newman prefiere callar ante los hombres y hablar ante Dios. Pocos meses después el sacerdote que ha apostatado, enferma y muere, y la mujer con quien ha vivido esos meses le manda un recado al cardenal Newman. Le dice: “Tu amigo ha muerto”. El cardenal Newman, por la noche, se acerca al lugar en donde le están velando. Se acerca, saluda amable y deferentemente a todos, se acerca al ataúd, y se arrodilla. No se escucha una plegaria, pero sí se ven rodar lágrimas por sus ojos, por sus mejillas. Después de una oración de unos minutos se retira y la mujer le dice: “¿Usted que grase pondría en la lápida de su amigo?”, porque ella advierte que siempre admiró a aquel sacerdote. Y el cardenal Newman, con esa agudeza suya, le dijo: “yo sugiero esta frase que se conserva en una lápida colocada al oeste de Londres: ‘No rechaces, Señor, para siempre la obra de tus manos’”. Y él insistirá, me refiero al cardenal Newman, en la necesidad que tenemos los sacerdotes de frecuentarnos, de ayudarnos, de apoyarnos. La necesidad que tenemos de Dios y de nosotros, como presbiterio que somos, como familia sacerdotal que somos.</p>
<p style="text-align: justify;">Termino mi intervención recordando aquello que ha quedado para la historia y que nos ayuda siempre recordarlo. El célebre predicador dominico, el P. Lacordaire, de incógnito de acerca a Ars. Quiere conocer al párroco de Ars. Se ha disfrazado. Quiere no ser reconocido. Sin embargo, alguien cerca de Ars lo observa atentamente y descubre que es el gran predicador de Notre Dame. Después de un titubeo inicial él admite que sí, es el P. Lacordaire. Y pregunta el que lo ha reconocido su motivo de su viaje a Ars, un pueblecito pequeño e insignificante comparado con la majestuosa París, y él responde: “Vengo a ver cómo vive un sacerdote lo que yo predico. Porque yo lo predico y él lo vive”.</p>
<address>Fuente: Transcripción de una conferencia pronunciada en el Curso para animadores de la pastoral presbiteral en Guadalajara, mayo 2006</address>
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		<title>Vivamos en año sacerdotal con el Santo Cura de Ars</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 10:54:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center; "><strong>Vivamos el año sacerdotal con el Santo Cura de Ars</strong></h2>
<p style="text-align: justify; "><em>“El Santo Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jesús Eucaristía.12 &#8220;No hay necesidad de hablar mucho para orar bien&#8221;, les enseñaba el Cura de Ars. &#8220;Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración&#8221;.13 Y les persuadía: &#8220;Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él&#8230;&#8221;.14 &#8220;Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis&#8221;.15 Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa”.</em></p>
<p style="text-align: justify; "><em><span id="more-615"></span></em></p>
<p style="text-align: justify; "><em>(Carta de convocatoria de Benedicto XVI para un año sacerdotal con ocasión del 150 aniversario del dies natalis del Santo Cura de Ars)</em></p>
<p style="text-align: justify; "><em> (12.&#8221;La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. ‘Yo le miro y él me mira&#8217;, decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario&#8221;: Catecismo de la Iglesia católica, n. 2715.</em></p>
<p style="text-align: justify; "><em>13.Nodet,p.85.</em></p>
<p style="text-align: justify; "><em>14.Ibíd.,p. 114.</em></p>
<p style="text-align: justify; "><em>15.Ibíd.,p. 119.)</em></p>
<p style="text-align: justify; "><strong>I- Educación de los fieles en la presencia eucarística</strong></p>
<p style="text-align: justify; ">Más dichosos que los santos del  Antiguo Testamento, no solamente poseemos a Dios por la grandeza de su inmensidad, en virtud de la cual se halla en todas partes, sino que le tenemos con nosotros como estuvo en el seno de María durante nueve  meses, como estuvo en la cruz. Más afortunados aún que los primeros cristianos, quienes hacían cincuenta o sesenta leguas de camino para tener la dicha de verle; nosotros le poseemos en cada parroquia, cada parroquia puede gozar a su gusto de tan dulce compañía. ¡Oh, pueblo feliz! (Sermón sobre el Corpus Christi).</p>
<p style="text-align: justify; ">Más afortunados que aquellos que vivieron mientras estuvo en este  mundo, cuando no habitaba más que en un lugar, cuando debían andarse algunas horas para tener la dicha de verle; hoy le tenemos nosotros en todos los lugares de la tierra, y así ocurrirá, según nos está prometido, hasta el fin el mundo (Sermón sobre el Jueves Santo).</p>
<p style="text-align: justify; ">¡Oh, felices lugares- exclamaban- donde tantos prodigios se realizaron por nuestra salvación! Pero, sin ir tan lejos, sin tenernos que molestar en atravesar los mares y exponernos a tantos peligros, ¿no tenemos aquí, en medio de nosotros, a Jesucristo, no solamente como Dios, sino en cuerpo y alma? ¿No son tan dignas de respeto nuestras iglesias como los lugares santos que visitaban aquellos peregrinos? ¡Nuestra dicha es demasiado grande!, jamás comprenderemos su alcance. ¡Pueblo feliz, el cristiano, al ver cómo cada día se renuevan todos los prodigios que la omnipotencia de Dios obró en otro tiempo en el Calvario para salvar a los hombres! (idem).</p>
<p style="text-align: justify; ">Cualquiera que sea el lugar donde nos encontremos, dirijamos con alegría nuestros pensamientos, nuestros deseos, hacia donde esta guardado este adorable Cuerpo, para unirnos a los ángeles que con tanto respeto lo adoran. Mostremos respeto a los templos, tan santos, tan dignos de reverencia, tan sagrados por la presencia de Dios hecho hombre, que día y noche mora entre nosotros (id).</p>
<p style="text-align: justify; ">
<p style="text-align: justify; ">¿Sabéis aún cuál fue el motivo que movió a Jesucristo a permanecer día y noche en nuestros templos? Pues fue para que, cuantas veces quisiéramos verle, nos fuese dado hallarle. ¡Cuán grande eres, ternura de un padre! ¡Qué cosa puede haber más consoladora para un cristiano que sentir que adora a un Dios presente en cuerpo y alma! (Sermón sobre el Corpus Christi).</p>
<p style="text-align: justify; ">¡Cuánto consuelo y suavidad nos procuran los momentos pasados con este Dios de bondad! ¿Estás dominado por la tristeza? Ven un momento a echarte a sus plantas, y quedarás consolado. ¿Eres despreciado del mundo? Ven aquí, y hallarás un amigo que jamás quebrantará la fidelidad. ¿Te sientes tentado? Aquí es donde vas a hallar las armas más seguras y terribles para vencer a tu enemigo. ¿Temes el juicio formidable que a tantos santos ha hecho temblar? Aprovéchate del tiempo en que tu Dios es Dios de misericordia y en que tan fácil es conseguir el perdón. ¿Estás oprimido por la pobreza? Ven aquí, donde hallarás a un Dios inmensamente rico, que te dirá que todos sus bienes son tuyos […] (idem).</p>
<p style="text-align: justify; ">Nuestro Dios no nos pierde de vista, como una madre que está vigilando al hijito que da los primeros pasos. “Abraham, dice el Señor, anda en mi presencia y la  hallarás en todas partes”. “¡Dios mío!, exclama Moisés, servíos mostrarme vuestra faz: con ello tendré cuanto puedo desear” (EX 23,13). ¡Cuán consolado queda un cristiano, al pensar que Dios le ve, que es testigo de sus penalidades y de sus combates, que tiene a Dios de su parte (id).</p>
<p style="text-align: justify; "><strong>II- Educación de los fieles en la comunión</strong></p>
<p style="text-align: justify; ">Para hacer una buena comunión es preciso tener una viva fe en lo que concierne a este gran misterio; siendo este sacramento un “misterio de fe”, hemos de creer con firmeza que Jesucristo está realmente presente en la Sagrada Eucaristía, y que está allí vivo y glorioso como en el cielo. Antiguamente, el  sacerdote antes de dar la Sagrada Comunión, sosteniendo en sus dedos la santa Hostia, decía en alta voz: “¿Creéis que el Cuerpo adorable y la Sangre preciosa de Jesucristo están verdaderamente en este sacramento?” Y entonces respondían a coro los fieles: “Sí, lo creemos”</p>
<p style="text-align: justify; ">Digo también que debemos presentarnos con vestidos decentes; no pretendo que sean trajes ni adornos ricos, más tampoco deben ser descuidados y estropeados: a menos que no tengáis otro vestido, habéis de presentaros limpios y aseados. Algunos no tienen con qué cambiarse; otros no se cambian por negligencia. Los primeros en nada faltan, ya que no es suya la culpa; pero los otros obran mal, ya que ello es una falta de respeto a Jesús, que con tanto placer entra en su corazón. Habéis de venir bien peinados, con el rostro y las manos limpias.</p>
<p style="text-align: justify; ">Es necesario que todo nuestro porte exterior dé, a los que nos ven, la sensación de que nos preparamos para algo grande.</p>
<p style="text-align: justify; ">Habréis de convenir conmigo en que, si para comulgar son tan necesarias las disposiciones del cuerpo, mucho más lo habrán de ser las del alma, a fin de hacernos merecedores de las gracias que Jesucristo nos trae al venir a nosotros en la Sagrada Comunión. Si en la Sagrada Mesa queremos recibir a Jesús en buenas disposiciones, es preciso que nuestra conciencia no nos remuerda en lo más mínimo, en lo que a pecados graves se refiere.</p>
<p style="text-align: justify; ">Después de haber rezado las oraciones indicadas, ofreced la Comunión por vosotros y por los demás, según vuestras particulares intenciones; para acercaros a la Sagrada Mesa, os levantaréis con gran modestia, indicando así que vais a hacer algo grande; os arrodillaréis y, en presencia de Jesús Sacramentado, pondréis todo vuestro esfuerzo en avivar la fe, a fin de que por ella sintáis la grandeza y plenitud de vuestra dicha. Vuestra mente y vuestro corazón deben estar sumidos en el Señor. Cuidad de no volver la cabeza a uno  otro lado […]. Si aún debiéseis aguardar algunos instantes, excitad en vuestro corazón un ferviente amor a Jesucristo, suplicándole con humildad que se digne venir a vuestro corazón  miserable.</p>
<p style="text-align: justify; ">Después que hayáis tenido la inmensa dicha de comulgar, os levantaréis con modestia, volveréis a vuestro sitio y os pondréis de rodillas…; ante todo, deberéis conversar unos momentos con Jesucristo, al que tenéis la dicha de albergar en vuestro corazón, donde, durante un cuarto de hora, está en cuerpo y alma como en su vida mortal.</p>
<p style="text-align: justify; ">Habiendo ya rezado las oraciones para después de la Comunión, llamaréis en vuestra ayuda a la Santísima Virgen, a los ángeles y a los santos, para dar juntos gracias a Dios por el favor que acaba de dispensaros.</p>
<p style="text-align: justify; ">No saldréis de la iglesia al momento de terminar la  santa Misa, sino que os aguardaréis algunos instantes para pedir al Señor fortaleza en cumplir vuestros propósitos […]</p>
<p style="text-align: justify; ">¿A quién recibimos?</p>
<p style="text-align: justify; ">Jesucristo, durante su vida mortal, no pasó jamás por lugar alguno sin derramar sus bendiciones en abundancia,  de lo cual deduciremos cuán grandes y preciosos deben ser los dones de que participan quienes tienen la dicha de recibirle en la  Sagrada Comunión; o mejor dicho, que toda nuestra felicidad en este mundo consiste en recibir a Jesucristo en la Sagrada Comunión.</p>
<p style="text-align: justify; ">Todos los Santos Padres están conformes en reconocer que, al recibir a Jesucristo en la Sagrada Comunión, recibimos todo género de bendiciones para el tiempo y para la  eternidad; en efecto, si pregunto a un niño: ¿Debemos tener ardientes deseos de comulgar? – Sí, Padre, me responderá. – Y, ¿por qué? – Por los excelentes efectos que la comunión causa en nosotros. – Mas, cuáles son estos efectos? – Y él me dirá: la Sagrada Comunión nos une íntimamente a Jesús, debilita nuestra inclinación al mal, aumenta en nosotros la vida de la gracia, y es para los que la reciben un comienzo y una prenda eterna.</p>
<p style="text-align: justify; ">Recibiendo a Jesucristo, nuestro espíritu se fortalece, en nuestras luchas somos más firmes, nuestros actos están inspirados por la más pura intención, y nuestro amor va inflamándose cada vez más y más.</p>
<p style="text-align: justify; ">La Sagrada Comunión es para nosotros prenda eterna, de manera que ello nos asegura el cielo; estas son las arras que nos envía el cielo en garantía de que un día será nuestra morada; y, aún más, Jesucristo hará que nuestros cuerpos resuciten tanto más gloriosos, cuánto más frecuente y dignamente y dignamente hayamos recibido el suyo en la Comunión.</p>
<p style="text-align: justify; ">Perlas eucarísticas</p>
<p style="text-align: justify; ">…Hemos de concebir un gran deseo de unirnos a Jesucristo. Ved la gran diligencia de los Magos en buscar a Jesús en el pesebre; mirad a la Santísima Virgen; mirad a Santa Magdalena buscando con afán al Salvador resucitado.</p>
<p style="text-align: justify; ">Ningún acto enriquece tanto a nuestro cuerpo en orden al cielo, como la Sagrada Comunión.</p>
<p style="text-align: justify; ">Nada hay que nos haga tan temibles al demonio como la Sagrada Comunión.</p>
<p style="text-align: justify; ">[…] lo que nos causará mayor admiración durante la eternidad, será ver cómo nosotros, siendo tan miserables, hemos podido recibir a un Dios tan grande.</p>
<p style="text-align: justify; ">Todos los textos de esta segunda parte están tomados en su totalidad del Sermón sobre la Comunión.</p>
<p style="text-align: justify; ">Fuente: Francisco Fernández Carvajal, Antología de textos para hacer oración y para la predicación, Palabra, Madrid, 1985</p>
<p>Voces empleadas: ACCIONES DE GRACIAS-COMUNIÓN-EUCARISTÍA-LUGARES Y OBJETOS DE CULTO-MISA-PRESENCIA DE DIOS-VISITA AL SANTÍSIMO</p>
<address>- Enviado por correo, por el Pbro. Gerardo Rodríguez, de la Arquidiócesis  de Rosario, Argentina</address>
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