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	<title>San Juan María Vianney &#187; Las pregrinaciones a Ars</title>
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	<description>El atractivo de un alma pura</description>
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		<title>Los comienzos de su fama mundial</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Mar 2010 23:30:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">¿Cómo comenzó a ser famoso y visitado? Creo que sólo nos ha tocado ver a alguien visitado en vida en peregrinación, para sólo escucharle y venerarle incluso, y ése alguien creo que fue S.S. Juan Pablo II; y ha sucedido muy pocas veces, en muy pocas ocasiones. Al igual que El Vaticano en tiempos de Juan Pablo II, la humilde aldea de Ars fue testigo de una tal maravilla: multitudes, que sin cesar se iban renovando, se postraban de rodillas ante un santo<strong>. Desde 1827 hasta 1859 la iglesia jamás estuvo un momento vacía.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, <strong>&#8220;fueron personas sencillas y devotas, y no otras, las que comenzaron a divulgar su fama</strong>. Estos rumores hallaron más tarde eco en las personas más graves por su carácter, edad y situación&#8221;, decía un sacerdote, llamado Pedro Oriol. El Rdo. Vianney había dejado Dardilly, su pueblo natal, y en Ecully, de donde había sido vicario por espacio de tres años, un recuerdo de santidad. <strong> Varias personas de estos pueblos comenzaron a acudir a Ars desde 1818,</strong> y fueron llegando otros de Nöes, que anduvieron hasta cien kilómetros para ver otra vez <em>Jerónimo Vincent </em>convertido en sacerdote y en párroco. La mayor parte hicieron bajo su dirección los ejercicios espirituales; tres o cuatro acabaron por residir definitivamente en Ars. Desde entonces, la reputación del párroco Juan María Vianney se extendió cada día más por la comarca.</p>
<p style="text-align: justify;">Les dejo un pequeño relato del Mons. Mermod:</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p>En 1822, estaba yo de profesor en el seminario menor de Meximieux. El párroco Vianney vino un día para hacer una visita al Rdo. Loras, su antiguo condiscípulo, y entonces superior de la casa. Atravesó nuestro patio de recreo y se dirigió ante todo a la capilla para adorar al Santísimo Sacramento; después visitó al superior. En cuanto apareció en el patió, un alumno que le conocía, Antonio Raymond, su futuro auxiliar, exclamó &#8216;¡Es el santo Cura de Ars!&#8217; Como por ensalmo, cesaron los juegos y todas las miradas se fijaron en él.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ése Antonio Raymond, es el que menciono mucho en distintos relatos, y en éste pasaje, apenas tenía dieciséis años. Había oído hablar del Cura de Ars en su pueblo natal, Fareins. Los ataques pérfidos y violentos de ciertos habitantes de Ars y los elogios de otros no habían podido menos de hallar eco en los lugares vecinos. <strong>Todos deseaban conocer a un cura de quien tan bien, o tan mal, hablaban sus feligreses.</strong> Quien no estuviese corrompido hasta la médula, fácilmente adivinaba de qué lado estaban la verdad y la buena fe.</p>
<p style="text-align: justify;">Trevoux, capital de la región de Dombes, no tardó en formar sobre el Cura de Ars el más favorable concepto. Basta mencionar, que en 1823, las tres cuartas partes de los penitentes de éste pueblo, ya habían asediado el confesionario de San Juan María Vianney.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo mismo ocurrió en 1826, con ocasión del jubileo universal concedido por el Papa León XII. Los sacerdotes de Saviogneux, de Montmerle, de Saint-Trivier, de Chaleins, de Saint-Bernard, y otros, a quienes el Cura de Ars ayudó en el ministerio de la confesión y predicación, sorprendidos del éxito, proclamaron su virtud en todo el clero y con sus feligreses. Pero todavía no les era dado prever que en las vísperas de los festivos, y aún con más frecuencia, personas de sus parroquias y de las más calificadas, harían viajes a Ars, para pedir al párroco Vianney que continuara dirigiéndolas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Los habitantes de Ars decían, que ya en 1827, veían por las mañanas, a diario, a por lo menos veinte forasteros dirigiéndose a la iglesia del pueblo . Pero fue en 1828, cuando fue el inicio de las grandes procesiones. Para 1829, San Juan María Vianney era ya el prisionero de las almas, y sólo la muerte lo iba a librar de ésa santa esclavitud. </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Los sacerdotes de las parroquias vecinas acudían a Ars a ayudarle, pero nadie quería ser atendido por nadie que no fuera el Cura de Ars, así que decidieron dejar de acudir a ayudarle.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero claro, no todos iban a Ars para confesarse. La curiosidades tenía su parte en éste movimiento. ¿No se decía que el Cura de Ars obraba milagros, que leía conciencias, que convertía hasta al más profundo ateo?</p>
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		<title>Las confesiones después de las tertulias</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 12:07:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Salvo los cinco días de ejercicios espirituales que, cada año hasta 1835 pasó en Meximieux o en Bourg-en-Brese, salvo una semana de relativo descanso que se tomó en el seno de su familia en 1843, el Cura de Ars no dejó jamás su pueblo adoptivo.  Aparte de algunos hechos de mayor relieve, cuyo recuerdo conservaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Salvo los cinco días de ejercicios espirituales que, cada año hasta 1835 pasó en Meximieux o en Bourg-en-Brese, salvo una semana de relativo descanso que se tomó en el seno de su familia en 1843, el Cura de Ars no dejó jamás su pueblo adoptivo.  Aparte de algunos hechos de mayor relieve, cuyo recuerdo conservaron los testigos, su existencia llegó a ser de una monotonía sublime. Estaba levantado en toda época veinte horas al día, o más, y consagraba al confesionario de once a trece en el rigor del invierno francés y de quince a diez y seis durante el resto del año.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde que era vicario en Ecully, el Cura de Ars tenía la costumbre de ir a la iglesia a las cuatro de la madrugada. Una vez cura de Ars, iba todavía antes, y únicamente por devoción, porque el sagrario le atraía de una manera irresistible. Después, cuando la parroquia fue mejorando, no tenían los fieles reparo en acudir a él antes del alba, para confesarse.</p>
<p style="text-align: justify;">La costumbre de las tertulias nocturnas no había desaparecido, pero entonces todo se había bien: comenzaban y terminaban con una oración. Al regresar a sus casas, a media noche o una de la madrugada, las mujeres iban a buscar al señor Cura al tribunal de la penitencia: gustaban mucho de éstas confesiones de media noche, eran tiempos en que el Rdo. Vianney aún no estaba asediado por la multitud de peregrinos de toda Francia.</p>
<p style="text-align: justify;">Las acogía con bondad, les dedicaba el tiempo que deseaban y después las despedía con algunas palabras llenas de caridad. Catalina Lassagne decía que siempre las despedía diciendo: &#8216;Vamos, hija mía, vaya usted a descansar, pues tiene mucho sueño&#8230;&#8217;. Muchas de éstas jóvenes mujeres, dieron sus testimonios veinte años después de la muerte de San Juan María Vianney, diciendo que esas noches, habían sido las mejores de sus vidas, por la delicia y paz que les dejaba el Rdo. Vianney.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, comenzaron a llegar a Ars los peregrinos. Entonces, el Rdo. Vianney tocaba por sí mismo el Ángelus, hacia la una de la madrugada, para dar a entender que la iglesia estaba abierta y el sacerdote a dispocisión de los penitentes. Mientras les esperaba, se ponía de rodillas a rezar la Liturgia de las Horas, que según Catalina Lassagne, rezaba con todas sus horas.</p>
<address>El horario lo hizo Francis Trochu uniendo muchos testimonios del Proceso Apostólico. El resto es relatado por Catalina Lassagne en su libro, y referenciado por Francis Trochu en el suyo.</address>
<address>Imagen: Libro y lentes que usó San Juan María Vianney, tomado del libro de Catalina Lassagne.</address>
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