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	<title>San Juan María Vianney &#187; Sus letras</title>
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	<description>El atractivo de un alma pura</description>
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		<title>Intentos de traslado jamás aceptados</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 08:47:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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		<description><![CDATA[De estos deseos y de estos gemidos, algunos llegaron al obispo de Belly, Mons. Devie, que se hacía el sordo, como ya mencioné anteriormente. Es notable el siguiente pasaje de una carta escrita en 1851. En ésta época, Mons. Devie, soñaba también con su propio retiro: &#8230;Monseñor, puesto que sois tan dichoso que trabajáis para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">De estos deseos y de estos gemidos, algunos llegaron al obispo de Belly, Mons. Devie, que se hacía el sordo, como ya mencioné anteriormente.</p>
<p style="text-align: justify;">Es notable el siguiente pasaje de una carta escrita en 1851. En ésta época, Mons. Devie, soñaba también con su propio retiro:</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p>&#8230;Monseñor, puesto que sois tan dichoso que trabajáis para retiraros y no pensar más que en el cielo, os ruego me concedáis el favor de procurarme la misma dicha&#8230; Si os vais sin concedérmelo, me moriré de tristeza.</p>
<p>Que vuestro corazón, Monseñor, me perdona todas las molestias que os he causado&#8230; Tengo gran confianza en que Vuestra Excelencia me concederá esta gracia que le pido. Bien sabéis que no soy más que un pobre ignorante. Este es el parecer de todo el mundo.</p>
<p>Firmado por: Juan-María Vianney, pobre cura de Ars</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La carta no tuvo éxito. Monseñor Chalandon, ya obispo de Belley, sería que recibiría ésta carta:</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p>Monseñor, voy debilitándome día a día. He de pasar parte de la noche en una silla y he de levantarme tres o cuatro veces en una misma hora. Me desvanezco en el confersionario y me pierdo por espacio de dos o tres minutos&#8230;</p>
<p>A causa de mis achaques y de mis años, quiero decir adiós a Ars para siempre, Monseñor&#8230;</p>
<p>Firmado: Vianney, pobre y desgraciado sacerdote.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Las mismas peticiones se renovaban de viva voz en cada visita pastoral. Los días que la precedían, redoblaba sus mortificaciones, oraba, ayunaba (no sé qué más podía ayunar). <strong>En cuanto veía al prelado, se emocionaba con la esperanza de ver cumplir su petición tantas veces negada</strong>, ya que tanto Monseñor Devie como el Monseñor Chalandon, siempre expresaron su negativa a que se retirara.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1857, tomó el obispado de Belley, el Monseñor Langalerie, y recibió también las mismas peticiones. San Juan María Vianney jamás se resignó y siguió pidiéndolo. Durante el último mes de su vida (que intentaré repasar en éstas semanas) aún hablaba de retirarse. <strong>He aquí un relato que Mons. Langalerie dijo en los funerales de nuestro cura</strong>:</p>
<blockquote style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">¡Oh, Monseñor!, me decía apenas hace quince días, quisiera pediros que me dejarais partir algún tiempo para llorar mis pecados. -Pero señor Cura, le replicaba yo, las lágrimas de los pecadores que Dios le envía, valen tanto como las suyas. No me hable más así, de lo contrario, no volveré a visitarle. Y todas mis palabras de afecto y de aliento no parecían convencerlo.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pero con los años, sus amigos, tanto como Catalina Lassagne, el conde des Garets (alcalde de Ars), Rdo. Monnin y el hermano Atanasio, y más tarde, él mismo, <strong>se dieron cuenta, que ésto no era más que una tentación del demonio, una tentación para distraerle</strong> de su objetivo. Así lo cuenta el Rdo. Monnin:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">El cura de Ars reconocía que había algo de intemperancia en este deseo y que el demonio se servía del mismo para tentarle. Procuró mortificarse y resistor, pero toda la vida tuvo que luchar contra éstos impulsos&#8230;</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Su mejor amigo, <strong>el conde des Garets, el alcalde de Ars, tenía una teoría, o más bien tres, de éstas ansias de soledad</strong>:</p>
<ol>
<li>No quería la responsabilidad de una parroquia, se consideraba incompetente</li>
<li>Quería llorar lo que él llamaba, su pobre vida</li>
<li>Huir de tantas ocupaciones, y tener momentos de ocio, como él llamaba, cuando se dedicaba a la oración (como era mucho su trabajo, su hobbie, digamos, era orar, no tenía tiempo de orar lo que él quería)</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Se convirtió en una tentación que le asediaba día y noche, más por las noches. <strong>&#8220;Cuando no puedo dormir, mi espíritu viaja, estoy en la Trapa, en la Cartuja, busco un rincón donde llorar mi pobre vida y hacer penitencia por mis pecados&#8221;</strong>. No sé porqué sus biógrafos o la cultura popular no dice que también ésto fue un ataque de Satanás, aparte de los que tuvo al llegar a Ars, ya que incluso en su lecho de muerte, tenía éstas ansias. Decía Catalina Lassagne, que como Satanás sabía lo que hacía por las almas, robándoselas, usaba santos pretextos para apartarlo de su obra.</p>
<p style="text-align: justify;">Un día Catalina Lassagne le escuchó decir ésto: <strong>&#8220;Dios me concede todo cuanto le pido, y muy pronto, salvo cuando pido algo para m</strong>í -es que lo que usted le pide a Dios es que lo saque de Ars, y ésto Dios no lo quiere- No le respondió nada. San Juan María Vianney, alguna vez, dijo que más que una tentación de Satanás, era una prueba de Dios para sacrificar su gusto, por la obediencia y su placer, por el deber. Pero sus deseos de apostolado y de convertir a las almas. He aquí lo que relata el hermano Atanasio:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Si hubiera habido de persuadir de una vez para siempre, de que estaba hecho para éste ministerio: cuando no había tanta afluencia, parecía estar triste y hacía novenas para que viniesen las multitudes. Y una vez que llegaban, y le aconsejábamos que descansara, replicaba &#8220;¡Cuán mal estaría hacer aguardar a estas pobres gentes que vienen de tan lejos y pasan las noches esperando turno para confesarse! Sería necesario que Dios me concediese la facultad que otorgó a ciertos santos de poder estar a la vez en muchas partes&#8230; <strong>Si ya tuviese  un pie en el Cielo y me dijesen que volviese a la tierra para trabajar en la conversión de un pecador, con gusto volvería. Y si para ésto fuera menester estar aquí hasta el fin del mundo, levantarme a media noche y sufrir lo que ahora sufro, aceptaría de todo corazón.</strong></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pero un día, confesando a un seminarista Lionés, le preguntó si ya había recibido las órdenes sagradas: &#8220;Sí, ya soy diácono, y no he de aguardar tres meses para ser sacerdote. -¡Oh, hijo mío, no hables así, si<strong>! ¡Siempre es demasiado pronto cuando llega el sacerdocio!</strong>&#8221; Y sin embargo, le dijo que &#8220;a<strong>pacentar el rebaño de Cristo es obra de amor</strong>, y el verdadero tesoro de la Iglesia&#8221;.</p>
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		<title>Libro de anécdotas del cura de Ars</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2010 11:24:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fernando Pérez Plazas, en el facebook del sitio, compartió un libro de san Juan María Vianney: Vida y anécdotas del Cura de Ars.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.facebook.com/mperezplazas" target="_blank">Fernando Pérez Plazas</a>, en el facebook del sitio, compartió un libro de san Juan María Vianney: Vida y anécdotas del Cura de Ars.</p>
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		<title>La correspondencia</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 12:05:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Simbelmynë!</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los afligidos que no podían ir a Ars escribiían al santo Cura, o hacían que otros escribiesen en su nombre. De aquí la voluminosa correspondencia que cada dos días recibía el párroco sobre su pequeña mesa de encina. La leía de corrido pero a veces no podía dar abasto. La mayor parte eran peticiones de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Los afligidos que no podían ir a Ars escribiían al santo Cura, o hacían que otros escribiesen en su nombre. De aquí la voluminosa correspondencia que cada dos días recibía el párroco sobre su pequeña mesa de encina. La leía de corrido pero a veces no podía dar abasto. La mayor parte eran peticiones de consejo o de oraciones, confidencias dolorosas, clamores de angustia. Agobiado por no poder responderlas, confió éste cuidado a Catalina Lassagne, a los Rdos. Raymond y Toccanier y al hermano Atanasio; él les indicaba en qué sentido debían de responder y firmaba las cartas bajo su propia mano.</p>
<p style="text-align: justify;">Se conservan dos cartas que escribió de su puño y letra, dirigidas a uno de sus primos, el hermano Chavolet, religioso en el Hospital de Lyon, que atravesaba una gran crisis de tentaciones.</p>
<blockquote style="text-align: justify;"><p>Mi buen amigo, trazo éstas líneas a vuela pluma, para decirte que no te vayas, a pesar de todas las tentaciones que Dios permita que padezcas. ¡Ten valor! El cielo es sobradamente rico para ser tu galardón.</p>
<p>Considera que todos los males de éste mundo constituyen la herencia de los buenos cristianos. Tú sufres como un martirio. Mas ¡qué dicha ser mártir de la caridad! No desperdicies tan hermosa corona que sólo se le concede a unos cuántos.</p>
<p>&#8220;Bienaventurados los que sufren persecusión por mi amor&#8221;, nos dice Jesucristo, nuestro modelo. Adiós, mi queridísimo amigo.  Persevera en éste camino que tan felizmente has comenzado; y nos volveremos a ver en el cielo..  (Carta del 25 de julio&#8230;)</p>
<p>&#8230;¡Ánimo, mi querido primo! ¡Pronto veremos éste hermoso  cielo, y ya no habrá más cruces para nosotros! ¡Qué divina felicidad! ¡Ver al buen Jesús que tanto nos ha amado y que nos hará dichosos!&#8230; (17 de Mayo&#8230;)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Muchas de las cartas recibidas por el cura de Ars son muy emocionantes. Con un Santo que leía en los corazones, los corazones todos se atravían a expansionarse y exponían si falsa vergüenza, sus grandes o pequeñas miserias.</p>
<p style="text-align: justify;">Luego publicaré cartas de las que recibía, aunque se conservan muy pocas, ya que el Cura de Ars, como dice el Rdo. Monnin,, rasgaba las cartas que comenzaban con frases laudatorias, incluso su hermana decía lo mismo, que sólo con leer la primera alabanza, dejaba la lectura y las tiraba. Me imagino que conservaba las que contenían peticiones de oración y Misas, que son las que se publican tanto con los libros de Francis Trochu, como de Catalina Lassagne.</p>
<address>Imagen: Escritorio de San Juan María Vianney, publicado en una edición de 1950 de el libro de Catalina Lassagne.</address>
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