Estudiar la historia de la Iglesia es estudiar la historia de nuestra familia en la fe. ¿A quién no le interesa saber sobre los acontecimientos de su propia familia? ¿No es verdad que solemos repasar los álbumes fotográficos con regocijo y con emoción contenida? También nos asombramos cuando algunas fotos que salieron movidas, oscuras o mal enfocadas.
La Iglesia es la estupenda obra que nos dejó Jesús aquí en la tierra para que conozcamos a Jesús a fondo, lo amemos mejor, nos entusiasmemos con Él y extendamos su Nombre por todos los confines de la tierra. Es pues, en la Iglesia donde nacimos a la vida divina, a la vida de fe. Es la Iglesia , la que, como Madre, alimenta nuestra fe en la liturgia y en los sacramentos. Es la Iglesia la que nos protege con brazos maternales cuando nos sentimos desprotegidos. Es la Iglesia la que nos tiende sus manos cuando hemos caído en el camino de la vida. Es en la Iglesia donde queremos vivir y morir en paz.
Antes de ir hojeando las fotos siglo por siglo, quiero dejar unos presupuestos, sin los cuales es imposible y amar a la Iglesia.
La Iglesia es de origen divino
Dios Padre la planeó. Dios Hijo la fundó durante su vida terrena, cuando fue eligiendo a sus apóstoles, los iba formando, los ordenó celebrar el memorial de su muerte, y con la fuerza del Espíritu Santo les dejo la misión de continuar su obra y predicar su Reino; por eso, podemos decir que la Iglesia es ‘Cristo prolongado’. Y Dios Espíritu Santo la está santificando y llevando a su plenitud. Por tanto, a la Iglesia hay que mirarla con los ojos de la fe; si no, jamás la podremos entender. De esta fuente tiene que brotar un amor apasionado a nuestra Madre Iglesia y un deseo de dilatarla por todo el mundo. A esto le llamamos apostolado.
Diversos nombres dados a la Iglesia
Jesús, para hacernos entender lo que es la Iglesia , quiso explicarla a través de imágenes o figuras: redil , cuya puerta es Cristo; rebaño, que tiene por pastor a Cristo,campo y viña, cuyo dueño es el Señor, edificio, cuya piedra angular es Cristo y en el que los demás somos piedras vivas y necesarias. Pero uno de los más hermosos nombres que la Iglesia ha recibido es el de ‘comunión’. “Comunión expresa más que comunidad, más que hecho social, más que congregación, más que asociación, más que fraternidad, más que asamblea, más que sociedad, más que familia, más que cualquier forma de colectividad humana: significa Iglesia, es decir, hombres y mujeres vinculados en Cristo. Ese cuerpo social, visible y espiritual, es precisamente lo que llamamos Iglesia” (Paulo VI)
Esta Iglesia-Comunión exige espíritu de comunidad; la comunión y la comunidad no admiten ni individualismo ni particularismo. El Concilio Vaticano II ahondó en otra imagen de la Iglesia : la Iglesia como Pueblo de Dios, que peregrina en la historia hacia la plenitud escatológica, es decir, hacia la plena glorificación en Cristo al final de los tiempos; Pueblo de Dios, que convoca a judíos y gentiles, se forma parte de él, no por la carne, sino por el agua y por el Espíritu; Pueblo de Dios, que tiene por Cabeza a Cristo muerto y resucitado; todos los que formamos parte de ese Pueblo de Dios tenemos la dignidad y libertad de los hijos de Dios; la ley de este Pueblo de Dios es el mandato de la caridad y tiene como fin extender a todos los hombres el Reino de Dios y hacerlo crecer hasta la consumación final. Esta imagen de Pueblo de Dios tiene un contenido profundamente religioso, pues es un Pueblo creado por la elección de Dios y por la alianza que él establece con los hombres. No es un término con sabor político-social, como ha querido manipular y reducir la así llamada ‘iglesia popular’.
El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia
Así como el alma da vida al cuerpo humano, así el Espíritu Santo da vida a este cuerpo que es la Iglesia , mediante los sacramentos; además, el Espíritu Santo ilumina y guía a la Iglesia en todos los momentos en su caminar terrenal para que permanezca fiel a las enseñanzas de Jesús, su fundador.
Las propiedades de la Iglesia
Esta Iglesia es una, porque tiene su origen en la Trinidad , porque su única Cabeza es Cristo porque está animada por un solo Espíritu, y manifiesta esa unidad en una sola fe, unos mismos sacramentos y una misma jerarquía. Essanta porque su fundador, Cristo, es santo y la vivifica el Espíritu Santo, porque a través de los sacramentos la santifica y porque sus frutos más hermosos son los santos. Es católica porque ha sido enviada a todos los hombres, está abierta a todas las razas, lenguas y naciones, sin excluir a nadie, y porque conserva la totalidad de la fe. Y es apostólica porque por voluntad de Cristo está cimentada en Pedro y los demás apóstoles.
Estructura de la Iglesia
Cristo quiso fundar una en la que todos somos iguales por el Bautismo, pero al mismo tiempo la quiso gobernada por Pedro y los demás apóstoles. La Iglesia por tanto, es jerárquica, no democrática. Todos somos Iglesia y Pueblo, sí, pero Cristo dio a Pedro y a los demás apóstoles la misión y la autoridad para guiar, santificar, y regir a sus hermanos. Los continuadores de los apóstoles son los obispos y sacerdotes. Por tanto, la Iglesia está formada por los ministros sagrados (obispos, sacerdotes y diáconos), por los laicos y por los religiosos.
La misión de los pastores es servir a sus hermanos con la Palabra , con los sacramentos y la caridad, al estilo de Cristo, que vino a servir y no ha ser servido. La misión de los laicos, en comunión y bajo la guía de los pastores, es participar en las realidades temporales, ordenándolas según el plan de Dios en Cristo, a fin de que su mensaje llegue y trasforme todos los ámbitos sociales. La misión de los religiosos es seguir de cerca las huellas de Cristo practicando los consejos evangélicos y de esa forma vivir consagrado a Dios, santificar a la Iglesia y dar testimonio ante el mundo de las realidades del Reino de los Cielos.
¿Cómo mirar a la Iglesia ?
Tres miradas podemos lanzar a la Iglesia :
Mirada superficial: la Iglesia se presentaría como una sociedad religiosa más, entre muchas otras. Es la mirada escéptica del descreído, de quien no tiene fe. Sólo ve los defectos de quienes están en la Iglesia y al frente de la Iglesia.
Mirada más penetrante: reconocerá a los valores y la vitalidad de la Iglesia. Discernirá en su unidad y universalidad un conjunto de caracteres maravillosos. Se asombrará del poder espiritual del Papa, afirmando que su origen, desarrollo e influjo constituyen el fenómeno más extraordinario de la historia del mundo. Es la mirada del estudioso bien intencionado y honesto.
Mirada de fe: es la única manera de percibir el misterio de la Iglesia. Con la fe descubrimos que su origen está en Dios, que Cristo la ha enriquecido con su Espíritu y con los medios de la salvación, y que tiene por misión hacer que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y participen en la redención operada.
¿Qué es, pues, la historia de la Iglesia y las claves de interpretación?
Es un entramado de hechos humanos y divinos, donde la silenciosa acción del Espíritu Santo se combina eficazmente con la palpable libertad de los hombres. Y las claves de interpretación de la historia de la Iglesia son:
La historia de la Iglesia sólo se entiende en función de su tarea santificadora y evangelizadora. El Vaticano II definió a la Iglesia como ‘Sacramento universal de salvación… enviada por Dios, se esfuerza a anunciar el Evangelio a todos los hombres’. Sólo a la luz de la fidelidad a esa misión cabe de acertados o equivocados los hechos de sus ministros y de sus fieles.
La capacidad de errar de los hombres explica muchos episodios históricos negativos: las herejías, la torpe intromisión de algunos eclesiásticos en cuestiones o ambiciones temporales (aseglarizamiento, afán de poder, simonía, etc.), asó como la vida poco edificante de otros. Estos hechos tristes, recogidos en su historia, no afectan lo que es la Iglesia. Es más, ponen de manifiesta que es divina, porque, a pesar de sus hombres, su doctrina se ha mantenido incólume desde que Cristo la predicara, produciendo abundantes frutos de santidad en todos los tiempos.
La Iglesia , manteniendo los rasgos esenciales determinados por su fundador, Cristo, también ha evolucionado en su historia al compás de los hombres, precisamente porque no es una sociedad desencarnada. Por eso, a la hora de interpretar los hechos hay que considerar el contexto histórico, que explica muchas decisiones y modos de obrar (por ejemplo la inquisición eclesiástica, papas que ordenaban a los emperadores, lucha por la investidura, etc.) no hacerlo así es pecar de anacronismo o errores de juicio objetivo.
La Iglesia es experta en humanismo: iluminada por la revelación de Cristo, Dios y el hombre perfecto, y enriquecida por su larga historia, conoce en profundidad las glorias y las miserias del hombre, al que quiere ofrecer la salvación de Cristo. Esto explica:
Que a lo largo de sus veinte siglos haya sabido enjuiciar con tanta liberad y equidad dichas situaciones humanas, venciendo la fuerte coacción de poderosos intereses partidistas: guerras, decisiones de parlamentos, conferencias internacionales, etc.
Que está en inigualables condiciones para defender la dignidad de la persona y los principios morales de su actuación, y para juzgar con la luz de la moral los retos de la ciencia, la cultura o la política ponen a la sociedad. Fruto de ello es la doctrina social.
¿Cuál es el fin de la Iglesia ?
Es predicar a todos los hombres la Buena Nueva de la redención operada por Cristo. Esta salvación de Jesucristo debe abarcar a todos los hombres sin distinción de clases sociales, y a todo el hombre: en su alma y en su cuerpo. Es un fin, por tanto, sobrenatural pero que empieza en el tiempo, espiritual pero que transforma las realidades de este mundo.
¿Cuáles son los deberes con la Iglesia ?
Creer en ella: No se puede creer en Cristo sin creer en la Iglesia ; no ser puede ser cristiano sin su mediación. ‘Nadie puede tener a Dios por Padre, sino tiene a la Iglesia por Madre’, decía san Cipriano. La fe en Cristo nos llega a través de la Iglesia.
Amar a la Iglesia : si la Iglesia nos ha engendrado para Cristo, por medio del Bautismo, debemos amarla como un hijo ama a su madre: un amor que la comprende, la apoya, reza por ella, se alegra de sus triunfos, que sufre con sus fracasos.
Cooperar en su misión: para que todos lleguen al pleno conocimiento de la verdad y a la salvación que Cristo nos ha traído con su vida, muerte y resurrección. Así fue al inicio: la Iglesia fue extendiendo su radio de acción gracias a los viajes de San Pablo, a la palabra y ejemplo de los primeros cristianos y a los milagros con que los apóstoles confirmaban la doctrina de Jesús. Incluso las mismas persecuciones, como veremos, sirvieron, para bien o para mal, para dar a conocer al mundo este fenómeno del cristianismo.
Defenderla: aunque suframos martirio. Defenderla con la palabra, con los escritos, con el testimonio. Nunca, lógicamente, con las armas o con la violencia, pues se oponen a su esencia, que es la caridad.
De nosotros, sus hijos, depende que la Iglesia siga joven, lozana y alegre. Y con nuestra actitud de continua conversión y lucha por la santidad, iremos hermoseando el rostro de esta Madre, que tantos hijos han afeado con sus actos a lo largo de los siglos.


