Salvo los cinco días de ejercicios espirituales que, cada año hasta 1835 pasó en Meximieux o en Bourg-en-Brese, salvo una semana de relativo descanso que se tomó en el seno de su familia en 1843, el Cura de Ars no dejó jamás su pueblo adoptivo. Aparte de algunos hechos de mayor relieve, cuyo recuerdo conservaron los testigos, su existencia llegó a ser de una monotonía sublime. Estaba levantado en toda época veinte horas al día, o más, y consagraba al confesionario de once a trece en el rigor del invierno francés y de quince a diez y seis durante el resto del año.
Desde que era vicario en Ecully, el Cura de Ars tenía la costumbre de ir a la iglesia a las cuatro de la madrugada. Una vez cura de Ars, iba todavía antes, y únicamente por devoción, porque el sagrario le atraía de una manera irresistible. Después, cuando la parroquia fue mejorando, no tenían los fieles reparo en acudir a él antes del alba, para confesarse.
La costumbre de las tertulias nocturnas no había desaparecido, pero entonces todo se había bien: comenzaban y terminaban con una oración. Al regresar a sus casas, a media noche o una de la madrugada, las mujeres iban a buscar al señor Cura al tribunal de la penitencia: gustaban mucho de éstas confesiones de media noche, eran tiempos en que el Rdo. Vianney aún no estaba asediado por la multitud de peregrinos de toda Francia.
Las acogía con bondad, les dedicaba el tiempo que deseaban y después las despedía con algunas palabras llenas de caridad. Catalina Lassagne decía que siempre las despedía diciendo: ‘Vamos, hija mía, vaya usted a descansar, pues tiene mucho sueño…’. Muchas de éstas jóvenes mujeres, dieron sus testimonios veinte años después de la muerte de San Juan María Vianney, diciendo que esas noches, habían sido las mejores de sus vidas, por la delicia y paz que les dejaba el Rdo. Vianney.
Entonces, comenzaron a llegar a Ars los peregrinos. Entonces, el Rdo. Vianney tocaba por sí mismo el Ángelus, hacia la una de la madrugada, para dar a entender que la iglesia estaba abierta y el sacerdote a dispocisión de los penitentes. Mientras les esperaba, se ponía de rodillas a rezar la Liturgia de las Horas, que según Catalina Lassagne, rezaba con todas sus horas.
El horario lo hizo Francis Trochu uniendo muchos testimonios del Proceso Apostólico. El resto es relatado por Catalina Lassagne en su libro, y referenciado por Francis Trochu en el suyo. Imagen: Libro y lentes que usó San Juan María Vianney, tomado del libro de Catalina Lassagne.

