Se puede presumir que en la mayor parte de la impresión fue tan viva y el golpe de la gracia tan fuerte, que permanecieron fieles al cumplimiento de su penitencia, todos los penitentes que se acercaron al Rdo. Vianney. Lo que es cierto es que el Santo triunfó en cosas muy difíciles y obtuvo la perseverancia de muchas personas a los que no les suele confiar.
He aquí un fragmento relatado por el Rdo. Toccanier:
El director del seminario mayor de Brou, Rdo. Niermont, me rogó un día, que preguntase al Cura de Ars si había llegado a convertir algún borracho. Se lo pregunté en la sacristía delante de muchos testigos. He aquí la respuesta que recibí:
‘Sí, amigo mío, todavía no ha mucho que una mujer vino a darme las gracias, diciendo: Hasta el presenta, era muy desgraciada con mi pobre marido: recibía de él más palos que pedazos de pan. Pues bien, desde que le conoció a usted, es más manso que un cordero.’
Un vicario, que estaba con nosotros, refirió a su vez que conocía un caso semejante: un hombre de su parroquia, dado mucho tiempo a la embriaguez, empleaba, desde su viaje a Ars, un remedio heroico para enmendarse: iba a Misa dando un largo rodeo, con tal de no pasar delante de la taberna, cuya vista era para él una tentación horrible.
A un bebedor incorregible de Chaleins, mi antigua parroquia, declara en el Proceso Mons. Mermod, entonces cura de Gex, lo convirtió el Cura de Ars. Durante los tres años después que vivió, no probó un sólo sorbo de vino, y llevó una vida ejemplar. Cosa notable: aquel buen cristiano que fue un día a encontrarme a la casa parroquial: tenía muy buen asepcto, y sin embargo, quería confesarse, porque según decía, había de morir. Movido por sus ruegos, le di la absolución y la comunión. Una hora más tarde, había muerto.
El relato del Rdo. Toccanier tomado de Francis Trochu, y el del cura de Gex, de Monnin

