Crónica de una misión. Parte I.

puebla

El Pbro. Juan Manuel Monroy, fue vicario parroquial de la Parroquia San Juan María Vianney durante siete años, ahora está en Santiago, Nuevo León, pero comparte sus reflexiones, y ésta vez, con un diario de una misión que tuvo en 1997, cuando pertenecía a la órden de los Redentoristas, que es misionera por excelencia. Pero dejemos que él nos hable:

Queridos amigos quiero compartirles una de las experiencias más marcadas en mi vida en relación a la misión. Sucedió en el otoño del 97. El lugar, Taxipehuatl, Cuetzalan del progreso, Puebla, México.

Domingo 30 de noviembre 10:30 am.

En estos momentos hago el primer alto en mi camino. Han pasado tres días desde mi salida de Monterrey y encuentro un breve espacio para escribir sobre lo que llevo recorrido. Estamos en el Estado de Puebla, rico en cultura, arte colonial, zonas indígenas, montañas, ríos, cascadas y toda una gran variedad de climas. Podemos hallar tierras fértiles y otras abandonadas de los elementos que le den un poco de vida. Todo un estado lleno de contrastes, opulencia, ignorancia, pobreza, desigualdad, progreso, abandono, turismo, patrimonio de la humanidad, una religiosidad popular muy marcada por las tradiciones, aferrados al Dios que escucha su clamor desde lo más profundo de su alegría y llanto. Todo un sin fin sorpresas y emociones eso y más es Puebla.

Hay un ruido ensordecedor a mi costado. Eso no impide concentrarme, sino me inspira más, pocas veces busca uno el ruido como fuente de inspiración. Es un golpe constante de agua sobre las rocas; resulta difícil determinar cuantas notas suenan a la vez en una especie de caja de resonancia producida por una cañada no muy profunda. Pudiera en ocasiones sentirme temeroso de resbalar, ser atrapado, sin salida y donde todo grito de auxilio sería ahogado en la inmensidad del crujir de la corriente.

He venido de muy lejos devorando los caminos, Cuetzalan fue la última escala antes de llegar a mi destino. Me siento como en casa, como si este lugar me hubiera esperado desde siempre, no conozco a nadie fuera del equipo de misiones, no cabe duda que todo comienzo es difícil, pero el gusto, la aventura, los ánimos, la convivencia hacen que todo mejore conforme transcurren los segundos.

Al despedirnos de la parroquia comienza la misión, voy en dirección del lugar que me corresponde ir; no sé quién me lleva, y no conozco más que el nombre de aquel rumbo; el equipo es repartido por una camioneta en distintos poblados igual de coloridos. Cada uno de nosotros compartirá después lo que ha vivido en su terruño. Los pasajeros piden su bajada en el largo trayecto hacia las comunidades. Al final del recorrido se encuentra la que se convertirá en mi hogar por unos días. Taxipehuatl.

Esta tierra me recibe indiferente, al principio solo soy uno más de los de la lista que ha puesto sus pies en esta tierra húmeda y hostil. No hubo nada extraordinario en el recibimiento. La capilla ha sido abierta y poco después las campanas cumplen su labor de llamar a Oficio. Un reducido número de personas atiende al llamado, presagio de un encuentro de mundos, de mentalidades y de ideas tan distintas y diversas como la rica flora de ese rinconcito de tierra.

Justo cuando el día cede su lugar a la noche y ésta va venciendo mis fuerzas; es temprano, no llega ni siquiera a las nueve de la noche y mis ojos ya se sienten pesados.

-no hace tanto frío como esperaba-. Apago la luz de mi cuarto y ahí en medio de la oscuridad doy gracias a Dios por sus bondades, por permitirme ser parte de este paisaje; imploro por mis faltas y antes de rendirme al sueño, dedico el poco tiempo que me queda a echar una mirada al mundo al que pertenezco, del cual tengo que desprenderme, renunciar y hacerme más a donde ahora pertenezco. Quiero soñar en que también me renuevo, en lo que recibiré más que en lo que ofrezco. Seguramente habrá muchas sorpresas, apresuro el paso a mi descanso; dejo que la noche haga su trabajo de brindarme quietud, paz y un reparador descanso.

No ha sonado la alarma en mi reloj, cuando varios gallitos mañaneros me recuerdan que ya es hora del rosario de aurora. Las campanas vuelven a arremeter y pretenden lastimar el oído de la gente, con el único de fin de que fluyan hacia donde se escucha el rezo. Puntuales pocos, no es de extrañarse. Avanzan los misterios por las calles frías, solas y silenciosas; mientras, se une un poco más de fieles. Al final, sirve de mucho empezar el día pidiendo la intercesión de María. Cada cual trae su intención; uno se imagina lo que piden, me adelanto adivinar sus ruegos; por el agua, por la tierra, por la comida, que no falte el trabajo, por el niño enfermo, por la anciana postrada, que no les quiten sus tierras, que no halla necesidad de salir y abandonar su Edén, por los animales, que no los roben mientras peregrinan y muestran su devoción. Los rostros dejan ver mucho más en su interior, me quedo corto en lo que pienso. Pero más corto aún en su confianza en Dios, su fe es muy grande, son los pequeños a los cuales Él nunca abandonará.

Una vez terminada nuestra oración de la mañana, me dirijo a recibir los sagrados alimentos; un bocado suculento, con un sabor que es el resultado de la mezcla de la leña, del calor hogareño, del olor de las montañas, el amor de unas manos que hospitalariamente los ofrece; en una escasa porción de comida acompañada de un café caliente, intercambiamos las primeras impresiones, nos adentramos en los secretos que cada quien guarda según su procedencia. Descubro mi pobreza, mi ignorancia, lo ajeno que había permanecido de esa basta realidad hasta antes del almuerzo. Me siento satisfecho por haber descubierto un tesoro de valores, de la riqueza de esa sencillez de personas y por supuesto por haber disfrutado un desayuno completo.

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This post was written by Simbelmynë! who has written 117 posts on San Juan María Vianney.

Devoto de San Juan María Vianney, amante de la historia, la de la Iglesia y la de los santos. Soy nacido en Monterrey, donde hice mi apostolado y conocí y enamoré de Dios, y del cura de Ars.

3 Responses to “Crónica de una misión. Parte I.”

  1. Lu VaEs 24. Jul, 2009 at 12:00 #

    Quee experiencia¡¡¡¡¡ Al leer fue inevitable volver a vivir
    mi misiÓn.
    Experiencia que jamás se olvidará ¡¡

    ” Son los pequeños a los cuales Él nunca abandonará”
    =)

    Que bonitO ¡¡¡¡

  2. Lu VaEs 24. Jul, 2009 at 12:02 #

    SaludOss excelente pág ¡¡¡
    la 2ª parteee???????

  3. Simbelmynë! 26. Jul, 2009 at 13:53 #

    En la sección de diario de una misión, pronto pondré más, el sacerdote ha estad ocupado y pronto escribirá más.

    Un saludo!

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