El ayuno como penitencia

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Decía el hermano Jerónimo, que San Juan María Vianney, “vivía, de lo que otros podrían morir”, haciendo alusión a sus penitencias tan duras, y a sus ayunos casi perpetuos. Son famosas las papas cocidas que medio comía desde que llegó a Ars, cualquier que sepa un poco de éste santo, sabe que su comida se basaba en éste alimento.

Cuenta Catalina Lassagne que cuando llegó a Ars, duraba hasta 3 días son probar bocado, y que una ilusión de verlo comer, fue cuando dijo, en 1827, que comería en el hogar de la Providencia (el orfanato de niñas), pero fue pura ilusión; se iba a una esquina a comer un poco de sopa que jamás se terminaba, y un pequeño pedazo de pan, siempre duro. Un día de 1824, el obispo lo visitó y le obligó a comer en forma, cosa que hizo sólo por su voto de obediencia; desde ese día, se bebía un vaso de leche antes de irse a confesar (3 o 4 am).

El hermano Atanasio, vigilandólo, descubrió que de 1849 a 1851,  durante la época de Cuaresma, no comía nada durante el día, sólo sorbos de agua y leche; y hasta que se enfermó gravemente en 1834, tampoco comía nada durante la noche.

De 1854 a 1859, por órdenes del doctor Saunier, hubo de someterse a ciertos alivios, absolutamente necesarios: “Ahora me obligan a comer más, y me siento tan bien cuando confieso”, solía decir el cura, pero se acusaba de glotonería. Su mismo confesor nos lo cuenta:

Asistí una vez a una de sus comidas, cuenta el Reverendo Beau. Desde que las hermanas se encargaron de la Providencia, comía en sus habitaciones; sobre una mesa sin manteles, había un plato de loza con algunas legumbres, y algunas veces, si estaba muy fatigado, dos huevos y un poco de carne (que sólo comía antes de pedirme permiso), un vaso de agua, una botella de vino sin abrir,  y un pedazo de pan. En menos de diez minutos, la comida se había terminado. El reverendo Vianney comía como si no sintiese gusto por los alimentos; en el plato siempre quedaba gran parte de lo que le habían servido; en la comida no bebía más que un poco de agua teñida en vino, y unos cuantos bocados de pan duro… Yo me quedaba admirado de ver tanta sobriedad”

Solía decir que él sufría en su cuerpo, los sufrimientos que quería ahorrarles a sus amados pecadores.

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Devoto de San Juan María Vianney, amante de la historia, la de la Iglesia y la de los santos. Soy nacido en Monterrey, donde hice mi apostolado y conocí y enamoré de Dios, y del cura de Ars.

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