El monseñor Devaux, rector de la Universidad católica de Lyon en inicios del siglo pasado, publicó el 30 de Noviembre de 1905 un artículo sobre los distintos orígenes del apellido Vianney. Según el rector, la forma primitiva Vianeis o Vianneis, en uso durante el siglo XII, fue un sobrenombre derivado de Viennensis, habitante la ciudad de Viena, en el Delfinado. De esta manera, esas palabras eran sinónimas.
Los registros de Dardilly, pueblo donde nació nuestro santo, no se remontan más allá del año 1617. Más, de esa manera encontramos ya anotado el bautismo de una tal Magdalena Vianey, hija de Bartolomé Vianey y de Claudina Beluse. Las restantes actas auténticas permiten recontruir la serie de ascendientes directos de San Juan María Vianney: Pedro Vianney (cuarto abuelo); Pedro (tatarabuelo), nacido en 1655; Pedro (bisabuelo), nacido en 1689; Pedro (abuelo) -con cuyo nombre comienza la historia de el cura de Ars-, nacido en 1753. Todos ellos bautizados en la iglesia de Dardilly.
En cuanto a la ortografía del apellido de esta familia, aunque todos los antepasados lo escribían como Vianey, no hay aquí lugar a dudas: se debe escribir Vianney, como lo hacía el cura de Ars cada vez que firmaba y como firmó también su hermana Margarita en el Proceso de Canonización.
Las actas precedentes de los obispados llevan indistintamente el nombre de Vianay o Viannay, Vianney o Vianey: en las testimoniales del subdiaconado se dice Vianey, en las del diaconado, Vianay; en las del presbiterado, Viannay, en unos poderes redactados en 1882, Vianney, en otros de 1853, Viannay.



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Su gran riqueza espiritual fue su espíritu de humildad y su entrega sin desmayo al Sacramento de la Penitencia. Por su confesionario pasaron personas de toda Francia. A una de ellas, que ostentaba un cargo importante en dicho pais, le preguntaron qué era lo que había visto en
este sacerdote, manifestando que se había sentido muy cerca de Dios.
Otra cosa que llamaba profundamente la atención, era su forma de mirar la Hostia consagrada y el Cáliz con la sangre de Cristo, era una mirada profunda, absorbida totalmente y que le aislaba de todo lo que le rodeaba. Este Año estará dedicado al Sacerdote, por lo que debemos orar por todos ellos y especialmente los más cercanos, pretándoles la máxima colaboración en las actividades parroquiales: Liturgia, Cáritas,
etc.
Saludos, Salvador.