En algún trayecto de aquellos…

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En algún trayecto de aquellos, nunca se imaginaría uno encontrarse una naranja por el camino, dulce y jugosa regalo de Señor bondadoso que tiene el condimento de esa tierra. También de un hombre desde muy temprano ya borracho, ahogando seguramente sus problemas y miseria en alcohol. No hacía más que pedirme perdón de encontrarse en ese estado. Aquí esto suele ser el más grande mal que aqueja a estos hombres desesperados por tanta pobreza. Un baño frío y refrescante me despierta aun más y me disponen a continuar en este recorrido involuntario de la intimidad de esta gente.

La tarde de este domingo se torna un tanto oscura. Las cosas no resultan siempre como uno lo programa. Hay que dejar que Dios contribuya a hacernos más pintoresco el panorama. No hay más que dejarse consentir por Él y aceptar sus bondades. La lluvia arrecia, mientras los niños estudian el catecismo, los jóvenes comienzan a reunirse en torno a la capilla, más como curiosos que interesados en lo que uno hace por allí.

La noche no resulta más hospitalaria, nos otorga frío y mucha humedad, haciendo inaccesibles los caminos, lodo por doquier impide muchas veces a la gente acudir al llamado de una campana afónica que se pierde entre los tronidos de un rayo. Los que sortearon los riachuelos, y se atrevieron a calzar de barro sus huaraches llegan puntuales a la cita, no de acuerdo a mi reloj, sino a las manecillas de la naturaleza por quien rigen todas sus acciones del día.

Una vez más quedo a merced del sufrimiento de aquellos que descargan su conciencia en mí. Ahora es cuando uno trae a la mente los problemas que nos aquejan en las ciudades, nos ahogan vasos de agua, cuando aquí el temporal es eterno. Aquí los ríos se desbordan en injusticias, desigualdades, explotación, hambre, machismo y apenas comienza el rosario y faltan las letanías; los misterios y las cuentas ya no alcanzan para enumerar lo que mantiene en el anonimato a esa gente. No por esto deja de brillar la esperanza de la Palabra. Dios que hace milagros en medio de ellos.

Uno no escapa a la mentalidad conquistadora y descubro el exceso de equipaje, traigo micrófono, hojas de cantos, informes anteriores, evaluaciones, estadísticas, análisis de la realidad, mapas, límites, concordancias, temas, juegos, dinámicas, material didáctico  y un sin fin de cosas; inútiles mientras no haga un espacio en mi corazón para esa gente y me disponga a verlos como personas que también saben dar lecciones, que evangelizan y en quienes habita el Espíritu Divino.

Desde este cuartito de 2 por 2 con ventilación natural, las puertas y ventanas solo tienen cortinas, la música tropical a todo volumen del cuarto contiguo, una pared de tablitas y vigas sosteniendo las tejas del techo; de muebles improvisados con cajas de cartón y de madera; sentado en mi cama dura como la conciencia de muchos de nosotros pero al fin y al cabo mía por un breve tiempo; teniendo como escritorio en mis piernas dos cobijas bien dobladas y mi almohada. Desde aquí puedo atravesar con mi vista las paredes y observar más allá de lo que me rodea; me permito recordar una tonada “Hombre de fachada triste dale al tiempo buena cara”. Y También dale descanso a tus fuerzas y emociones desgastadas.

Por fin he tenido mi primer encuentro con los niños de Taxipéhuatl. Qué distinto es todo por acá, cuanto hay que admirarlos. Juntamente con el catecismo vas descubriendo la alegría que les regala Dios. Veo a los adultos y reflexiono un poco a cerca de cuando ellos también disfrutaron de esa sencillez de esa despreocupación de la vida. No se imaginaban que estarían condenados a padecer hambre constantemente, a sufrir desempleo, jornadas largas mal pagadas; a vivir pegados a una botella y embrutecidos por las calles, a emigrar e busca de mejores oportunidades. Quien se imaginaría que descargarían su furia y frustración sobre sus mujeres y sus hijos; que no tendrían para darles suficiente casa, vestido y sustento; que atentarían contra sus vecinos para lastimarlos o robarles.

Muchos ya me provocan nostalgia, no  se acercarán por largo  tiempo a Dios ni a la Iglesia, otros cambiarán de credo o de plano pervertirán su corazón al máximo. Algunos dicen que los abandonamos y los hemos traicionado. Pero un resto, un puñadito se mantiene firme y constante; no apartan de Dios sus rezos. Por ellos aún volvemos porque confían en la providencia, más aún, descubren que somos mensajeros o instrumentos temporales de una voluntad Divina que se niega a desprotegerlos. En un mar inmenso de tierra fértil, la mies sigue siendo mucha, pocos los obreros. Hay abundancia de trabajo y variedad de frutos. Mientras tanto sigamos jugando, corramos un rato antes que la lluvia nos alcance, cantemos a todo pulmón que el cielo nos escuche; No se agotará la alegría de este instante en el tiempo venidero.

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Devoto de San Juan María Vianney, amante de la historia, la de la Iglesia y la de los santos. Soy nacido en Monterrey, donde hice mi apostolado y conocí y enamoré de Dios, y del cura de Ars.

One Response to “En algún trayecto de aquellos…”

  1. josé luis gómez 30. Jun, 2009 at 20:01 #

    Este fin de semana regresé de un encuentro con Jesús, al mismo tiempo fue con la naturaleza. Después de tanto soportar el calor, el techo de lámina empezó a tocar… La lluvia, con el verde de paisaje, se mostraba muy agradable. Lástima que no nos hayan permitido (los servidores) esa otra forma de platicar con Dios: con su naturaleza.

    Como niño, espero la lluvia para cantar: “que llueva, que llueva, la Virgen de la cueva…”

    saludos!!

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