La primera huída

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Un día, mientras el Cura de Ars explicaba el catecismo en la iglesia, exclamó: “Oh, si yo hubiese sabido lo que era ser sacerdote, muy presto me hubiera refugiado en la Trapa!”. Un grito le sirvió de aliento y lección, que exclamaba la pena que habría sido éso.

Lo dicho no impidió a San Juan María Vianney intentar en tres ocasiones dejar la parroquia. Hasta tal punto le punzaba su hambre de soledad. Creía ver en ello, aunque muy oscuramente, una voluntad imperativa de Dios opuesta a la de su prelado, cuyo consentimiento, a pesar de todo, siempre esperó conseguir.

Debe mencionarse que hacia el año 1840 una primera fuga pasó inadvertida, y sobre la cual el Cura de Ars hizo algunas confidencias. Salió de la casa parroquial en una noche muy oscura, a eso de las dos de la madrugada, y emprendió solo el camino a Villefranche. ¿A dónde iba y qué pensaba en concreto? Nada dijo de ello.

Anduvo poco trecho. Al llegar a la Cruz de Combes, no lejos de  la aldea de Ars, se puso a reflexionar, sólo alguna vez mencionó que llego a la conclusión de que salvaría más almas, que valían más que su soledad. Y retrocedió lo andado.

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