Los ojos de un vidente

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El 3 de septiembre de 1856, el conde de Tourdonnet, que tenía su castillo en Corrèze, fue a Ars con una de sus criadas enferma de sordera. Aunque no tenía fe, como muchos de su generación, quiso ir a solicitar la curación al sacerdote tan famoso de Ars. Entró a la iglesia, pero deseando hablar a solas con el Cura de Ars, hizo seña a María -éste era el nombre de la sirvienta- de que se quedase junto a la puerta principal.

Después de una larga espera, consiguió ver al siervo de Dios, que como siempre, confesaba en la sacristía. “Señor cura, ¿podría usted curar a mi criada?” A lo que respondió: “¡Ah, sí! Dígale que la veo en el coro”. “Perdone, señor Cura, pero está allá junto a la puerta…”

¿Cuál de los dos se engañaba, el humilde cura rural que veía a aquella joven en el coro, o el caballero, que sabía que estaba en el fondo de la nave?… En primer lugar, el Rdo. Vianney había designado por su nombre a la pobre joven, sin que el señor de Tourdonnet la hubiese nombrado. Mas ello podría ser una simple casualidad o confusión.

Sin más tardar, el conde quisiere asegurarse de que está junto a la puerta principal. El señor de Tourdonnet entonces quiere asegurarse. Busca a María en la pila del agua bendita, sin éxito. Sale: tampoco entre los peregrinos que esperan afuera o los que entran y salen de la iglesia; la busca en mediio y en el fondo de la nave, sin éxito. …

Se decide al fin, buscarla en el coro. Y en efecto, la ve en actitud de orar “detrás del altar mayor, junto a un confesionario y en un sitio donde el cura Vianney no la podía ver ni siquiera desde el umbral de la sacristía”, por lo que el caballero se quedó estupefacto.

Luego, el caballero contó esto a multitud de personas, especialmente al vicario parroquial, el Rdo Toccanier, que mientras se lo contaba, transcribió sus palabras.

El testimonio del caballero firmó diciendo “el Cura de Ars no tiene los ojos como las demás personas”.

San Juan María Vianney no suponía ni adivinaba lo que está oculto al común de los hombres; el Cura de Ars, veía, y ésto por una gracia especial de Dios. En algunas personas singularmente dotadas, se han podido observar fenómenos de lucidez extraordinaria, de doble visión, de visión a distancia; a éstos fenómenos, considerados como naturales, los sabios han dado también explicaciones naturales. San Juan María Vianney poseyó aquel don llamado intuición en teología mística. La multitud, que le rodeaba sin cesar, juzgó muy acertadamente cuando supo ver éste hecho asombroso como un sello de la santidad de su sacerdote.

PD. No hemos de explicar aquí las diferencias que existen entre la santidad y la simple neurosis, ni refutar a quienes intenten explicar los hechos de intuición propios de los santos por la sugestión o los fenómenos telepáticos. Remito a los lectores a el libro de M. Joly Psicología de los Santos, cap. III: los hechos extraordinarios de la vida santa.

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Un comentario to “Los ojos de un vidente”

  1. Anne Hammil 25. Oct, 2009 at 20:42 #

    En realidad los dones nunce deben ser subestimados por los demas.
    Es maravilloso como estas personas a las que llamamos santos tienen tantas cosas que comunicarnos en un mundo tan complicado como el que vivimos hoy en dia.

    Por medio de la vida de los Santos encontramos una propuesta de Dios para alejarnos del Pecado pues son ellos medienate su ejemplo en donde hacen experiencia de Dios en sus vidas., que nosotros podemos retomar nuestro camino sin temor alguno a cometer mas nuestros errores.

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