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San Juan María Vianney estuvo enfermo, casi a punto de fallecer, durante el mes de mayo de 1843, y es un hecho poco conocido en su vida, como muchas otras cosas de su vida. Bien, una persona de Chalon-sur-Saône, la señora Claudina Raymond Corcevay, se dirigió a Ars, buscando una curación. Claudina estaba enferma de la laringe y de los bronquios, no podía pronunciar palabra sin sentir un dolor en la garganta semejante a la quemadura en la piel; no se comunicaba con los demás sino con una pequeña pizarra.
En esta forma se dirigió a el Cura de Ars aquella mañana e que, convaleciente, bajó a la iglesia por primera vez: “Hija mía, los remedios de la tierra son inútiles, y ya ha tomado usted demasiados. Pero Nuestro Señor puede curarla. Acuda a Santa Filomena. Hágale violencia. Déjele su pizarra sobre su altar. Dígale, que si no puede devolverle la voz, que le dé la suya”, le dijo en cuanto la vio.
“Enseguida me eché a los pies de la Santa, y así que hube concluido mi oración, quedé curada. Hacía dos años que no podía hablar y seis padeciendo los dolores. Al encontrarme con la señora Favier, en cuya casa me hospedaba, leí en voz alta, delante de muchas personas, algunas páginas sobre la confianza en la Santísima Virgen. Estaba del todo bien”. Así lo relató la propia Claudina en el proceso de beatificación.


